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"2019 choca los cinco de cine con 2020", por Pelayo López

En plena temporada de premios, y encarando ya la antesala de Goya y Oscar, toca repasar lo más destacado del pasado año 2019 desde un punta de vista subjetivo y siguiendo la senda ya recorrida por nuestros compañeros Beatriz Gutiérrez, Javier Collantes, Luisma Lostal, Paco España y Jesús Caro. Por delante, algunas aclaraciones: no se ha visionado género en demasía por falta de tiempo y selección natural; se dejan de lado, por criterios personales que darían para un intenso debate, las propuestas cinematográficas procedentes de plataformas televisivas; y la selección definitiva se ha realizado en base al equilibrio entre continente comercial y contenido reflexivo.


A partir de ahí, y antes de ir con los títulos que destacaré más adelante, algunos títulos de la cosecha del pasado año que merecen la pena ser mencionados por su proximidad a los elegidos finalmente y porque aportan relevantes elementos fílmicos: El emperador de París, por recuperar a Vidocq, personaje tan enigmático como inspirador para grandes de la literatura, de una manera más creíble y menos plástica que en anteriores ocasiones; Verano del 84, un ejercicio de revival al más puro estilo generacional en la línea nostálgica de Los Goonies y Stranger Things; y Beast, un irrespirable pensamiento en imágenes sobre la transgresión de los límites de la personalidad de uno mismo.


Aunque su tono limpio y excesivamente feliz puede restarle para algunos cierta efectividad, por no hablar del intercambio dialéctico que puedan llegar a suscitar sus (por otro lado numerosos) papeles femeninos, Bienvenidos a Marwen, drama con toques de comedia y fantasía por parte del oscarizado Robert Zemeckis, se merece el quinto puesto, entre otros motivos, por la capacidad para introducir en el mundo real otras realidades alternativas, la necesidad de plantear universos paralelos de escape y liberación en este caso mediante aficiones propias de generaciones pretéritas que abandera la mejor versión de un intérprete cada vez más respetado como el todoterreno Steve Carell.


Seguramente el cine español haya ofrecido el pasado año otras películas que el público y la crítica han ensalzado con taquilla y reconocimientos, pero Sordo, más allá de que se haya rodado en Cantabria con protagonismo regional como la actriz Ruth Díaz, nos ha recordado que en nuestro país se puede filmar cine de género, en este caso un western político rural - guerrillero civil, y sabiendo, por un lado, plasmar con éxito en la gran pantalla el formato literario -novela gráfica- del que parte, y, por otro, firmando licencias narrativas propias que contribuyen a establecer un patrón de personalidad propia absolutamente loable en los tiempos que corren. De ahí su cuarto lugar en este ranking.


A menudo, al cine de terror se lo considera baladí, un mero ejercicio en lo estético pero nada profundo en sus historias. Blumhouse, que viene certificando con la mayoría de proyectos (como Déjame salir) su sello de garantía, ha alcanzado nuevas cotas de excelencia con Nosotros. Desde lo idílico y familiar, el relato paranoico, en base a extrañas coincidencias e inexplicables sucesos, va trazando una senda perturbadora y angustiosa que pone al personaje principal, estupenda Lupita Nyong'o, cara a cara ante sí misma, circunstancia perturbadora que se replica en el caso del espectador, un juego macabro posicionado en el número tres que invita a recapacitar sobre la ambigüedad moral del individuo y de la sociedad.


Finalmente, en el número dos y en cabeza del listado, o en cabeza y en el top dos indistintamente, por orden alfabético para no sembrar suspicacias, El vicio del poder y Joker, dos películas con muchos territorios comunes: desde un personaje principal caracterizado para la ocasión, en un caso moviendo los hilos de los USA y en el otro marioneta de la precariedad, a la identificación de problemas enquistados en la sociedad contemporánea que terminan por explotar, en forma de guerra o revuelta social, pasando por recursos narrativos que contribuyen a manejar el tiempo del discurso al antojo del realizador, Adam McKay y Todd Philipps, éste último etiquetando DC. Christian Bale y Joaquin Phoenix hacen el resto.