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Crítica: "Poker Face", por Javier Collantes

En el modo en el que se visionan las películas, sus expectativas y análisis, sin pasar por una 'roca granítica', el cine, como concepto artístico, posee la variedad de la excelencia pero también de la 'obra menor', también válidas (algunas veces), destacando o salvando algunos momentos, instantes, escenas o guión de films fallidos, irregulares... como una premisa de las películas 'flojas', 'malas', palabras del aprendizaje. A este ejemplo pertenece Poker Face, que dirige e interpreta Russell Crowe, un film que ha tardado unos siete años en su consecución, circunstancias adversas que se perciben en su desarrollo narrativo.


Este relato menor, fallido, presenta la virtud, por méritos y deméritos del actor/director, de una historia trepidante, con descensos en su ejecución, cuya partitura denota los problemas con el paso del tiempo en su montaje. Siendo una película entretenida, sin grandes pretensiones pero eficaz, colocamos la mirada en una mezcla de telefilm hinchado a conciencia, de clase F, con la dosis de relato para la pantalla grande en salas de cine. Ni es decepcionante, ni grandiosa, pero se ve con agrado sobre el tapete del juego de cartas. Poker Face nos cuenta la historia de un multimillonario jugador de póquer que invita a sus mejores amigos, una gran oportunidad para ganar mucho dinero, el que nunca habían soñado, en una partida, una noche que jamás olvidarán y en la que descubrirán el motivo por el que participan, con sorpresas, secretos, riesgos y acción final, un 'tour de force' en cada acción.


Con una banda sonora apenas perceptible, fotografía de luminosidad plástica y un tono de thriller, sobre una enfermedad terminal, el juego, el secuestro, entre pasado y presente, la película consigue que esta habitación del pánico resulta endeble, pero te dejas llevar. Lo más destacado de Poker Face es la participación de sus interpretaciones, en la voluntad de ser limpias y presentables, con el propio Russell Crowe como papel más aceptable, y Liam Hemsworth, RZA y Elsa Pataki como invitados de registros 'presenciales' en un film que, sin ningún as en la manga, deja las cartas boca arriba, sin engañar al espectador.