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Crítica: "El viaje a París de la Señora Harris", por Javier Collantes

El mundo de la moda, la ropa, el diseño... se ha expuesto a través del biopic en una serie de películas que nos han desvelado otras facetas más profundas de las creadoras y los creadores, las costuras de un traje y un vestido, en muchas ocasiones con acierto desde el punto de vista cinematográfico. Historias con imágenes, historias que enardecen una profesión a través de la tela y el vestir. Como un torrente, y en modo de relato amable, se establecen estos códigos, e incluso otros nuevos, en El viaje a París de la Señora Harris, film que, dirigido con mucho acierto fílmico y un buen tiro de cámara por Anthony Fabian, nos conduce a un viaje maravilloso, efectivo y lleno de sentimientos.


Este viaje nos narra, combinando comedia y cierto toque de drama, una historia que trascurre en la década de los 50, una adaptación de la novela de Paul Gallico que nos describe, a modo de cuento de hadas o Cenicienta, la forma en la que una señora que limpia en hogares más pudientes, viuda en el Londres de la época, se enamora de un vestido de Dior y decide irse a París, con sus ahorros, a comprar el vestido. Una aventura, una ilusión, que, en forma de película 'pulcra', describe esta historia con un ritmo narrativo propio de otra época, cuando el cine era más que un estreno en las pantallas de las salas cinematográficas. Dicho y hecho, personajes, luz, sentimientos, como la ciudad de París. Un film enternecedor, sin cargar las tintas, ajustado sobre los trazos del relato 'naif', sobre la alta costura, secuencias y escenas que, si entras y te dejas llevar, consigue el placer de una experiencia muy digna desde innumerables puntos, un film que traspira cine en cada fotograma. Evidentemente, recordamos películas como Yves Saint Laurent, El diablo viste de Prada, Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel, El hilo invisible...


Sin embargo, en el caso de El viaje a París de la Señora Harris, la película contiene y emite una experiencia de cine intensivo, sin pegar las dosis del cine intelectual, aquí es directo, creíble o no, pero que llega al espectador. Con una fotografía excelente, una banda sonora muy aceptable, la dirección artística y la ambientación de un cine de estudio simplemente genial, y unas interpretaciones sencillamente excepcionales -Lesley Manville sobresaliente, impresionante Isabelle Huppert y solvente Lambert Wilson- confieren credibilidad y encanto en cada instante, un film mágico sobre los sueños, un viaje con un cromatismo digno de elogio, una película de calidad construida para sentir.