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Crítica: "Los pasajeros de la noche", por Javier Collantes

El paso del tiempo, la comprensión y los avatares de la vida son expuestos a través de imágenes, en el cine, como una propuesta de recuerdos, inicio, desarrollo, desenlace y final, con momentos intensos, y la llegada de la calma. Una clase de films que, en su principio, otorga nuevos 'lugares' en el interior de sus personajes, cine sobre un retrato familiar, sencillo. En este plano, Los pasajeros de la noche, dirigido por Mikhaël Hers, con la combinación del recuerdo, unido a la comprensión, su filmación y ambientación, resulta un acertado homenaje a la década de los 80 que, con calma, precisión y emotividad, cuenta con una dirección aceptable, sin rayar las líneas del sentimentalismo fácil, aunque, a veces, se encuentra muy cerca, pero salvando el discurso de relativizar el ambiente en el que trascurre su historia de unos tiempos.


París, 1981. Se siente un cambio político, social. Una mujer deberá hacer cambios en su nueva vida para mantener a sus hijos e intentar cuidarse ella misma: conseguir un trabajo en una emisora de radio en un programa nocturno, Los pasajeros de la noche; acoger a una chica adolescente en su casa junto a sus hijos... Sus cambios y ella, una historia interesante que, a lo largo de siete años, en una trama de encontrar su lugar en la ciudad, ella, sus hijos, la cercanía de su padre, una chica sin hogar... y sus acercamientos sentimentales. Todo ello nos conduce por un relato cinematográfico que, en su principio, es notable pero que, el exceso de su metraje más una desunión en el pulso narrativo, redirecciona a una cierta posición de película de buenas intenciones, consiguiendo tanto instantes excelentes como otros de tono menor.


Las principales virtudes de las película recaen, por un lado, en la magnífica banda sonora; por otro, en una adecuada fotografía; y, finalmente y sobre manera, en la sobresaliente interpretación de Charlotte Gainsbourg. Escenas como una sala de cine, sus películas (entre ellas, Las noches de la luna llena, de Rohmer), marcan, sin duda, los mejores momentos del film. Algunos diálogos, París, y también una canción de Lloyd Cole & the Commotions, son y encienden las luces de una ciudad, una historia que, pese a todo, se nos queda por momentos, pero ni la 'noche' ni el programa de radio nocturno nos dejan ver ni sentir la esencia completa de si misma. Siendo viajeros de un itinerario emocional que solamente toca algunas fibras sin más, Los pasajeros de la noche resulta ser una película cuyos acordes no sentimos ni nos hacen vibrar del todo.