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Crítica: "Contando ovejas", por Paco España

Contando ovejas es una coproducción hispano-argentina que acaba de llegar a Filmin, plataforma que sigue apostando por dar cabida a películas españolas alternativas, alejadas de las taquilleras comedias que ofrecen un contenido previsible para un espectador que prefiere pisar un territorio sin ápice de riesgo ni originalidad. Se trata de la ópera prima del segoviano José Corral Llorente, licenciado en Bellas Artes que, a sus 45 años, ha obtenido apoyo y presupuesto para dirigir su primer largometraje tras dedicarse mas de 15 años a la animación en 3D para publicidad y, esporádicamente, algún cortometraje como El desván o Un cuento familiar, trabajos éstos en los que ya se aprecia un regusto por el lado oscuro de las historias. Contando ovejas no podía ser menos.


El protagonista es Ernesto, un magnífico, como todos los actores y actrices de esta película, Eneko Sagardoy (Handia, Patria), que sobrevive haciendo pequeños arreglos de mantenimiento en el decrépito edificio en el que vive, propiedad de una anciana odiosa y manipuladora interpretada por Consuelo Trujillo (Adiós). En el mismo edificio vive el nieto de ésta, Leandro, interpretado por un joven actor de prestigioso apellido -Juan Grandinetti (La maldición del guapo)-, que vive vendiendo droga a un grupo de postmodernos adinerados encabezados por el actor Alfonso Lara (teatro Urtain), del mismo modo que alimenta la adición de su novia, una famosa cantante interpretada por Natalia de Molina (Las niñas, Elisa y Marcela). Como podemos comprobar, el elenco es envidiable... y aún no hemos terminado. El edificio en el que se desarrolla toda la acción tiene personalidad propia y se podría decir que carácter orgánico, con un fluido oscuro que recorre sus tuberías. El protagonista, Ernesto, es apocado, tímido y pusilánime, y tiene que soportar el maltrato del resto de los personajes, especialmente de Leandro y su abuela. Solamente encuentra refugio en su casa y en sus maquetas, especialmente la que contiene varias ovejas y carneros que, debido a lo desgraciado de su existencia, saltan de la maqueta y cobran vida, al menos en su mente, representando a los tres vértices de su propia personalidad: la reflexiva, la violenta y la pusilánime, dando voz a cada uno de estos personajes los actores Manolo Solo, José Luis García Pérez y Julian Villagrán en una magnífica idea dramática.


Por ello, la película deambula entre personajes reales contrapuestos en dos grupos muy dispares: los oscuros habitantes del edificio y los coloristas postmodernos, pero también aparecen con importante protagonismo las tres ovejas y carneros salidos de la maqueta, que aportan la vertiente más violenta del personaje principal. Incluso hay secuencias de animación sobre las propias maquetas, lo que confiere a la película una personalidad que podría emparentarla con lo más oscuro de directores como Philip Kaufman y Leos Carax. A los espectadores que comentan que el cine español siempre cuenta las mismas historias, les recomendaría que vieran Contando ovejas, que no transita áreas de confort y requiere de su complicad y esfuerzo para entrar en ella y disfrutarla.