script

MAS CONTENIDO DE CINENTERATE EN IG...

Crítica: "Mass", por Javier Collantes

Existen películas que, a modo de torrente emocional, 'disparan' los dispositivos interiores del ser humano, películas que distribuyen otras facetas en una creación fílmica. A este ejemplo corresponde Mass, todo un relato cinematográfico a través de la vía teatral, desde su puesta en escena hasta su final. Mass, el debut de Fran Kranz, expone una historia sobrecogedora, difícil e incómoda para el espectador, pero extraordinaria y brillante en las líneas argumentales, planos y contra planos, puro cine de grandes hechuras, cine independiente que cuenta verdades y sentimientos para llegar a un final simplemente sensacional.


Mass nos traslada a unos años después de que el hijo de un matrimonio causase una gran tragedia, mientras otro matrimonio está dispuesto a hablar en una loable intención de tratar que sus vidas sigan adelante. Víctima y ejecutor, dolor, cura, perdón, violencia... todo ello basado en un caso real, en los terrenos de la culpa, en el recuerdo de un atentado escolar. De un modo austero, en un escenario de color aséptico, en consonancia, en una reunión tan brutal como terapéutica. La pérdida, en una vista directa, cuyos contenidos, desgarradores, te dejan impactado, en una iglesia de barrio cuyos salones son el encuentro de la herida, unos padres que desean encontrar la razón, la paz, las respuestas a su sufrimiento, contenida en la luz de un drama social. Un inicio extraordinario de un paisaje y un final que te deja clavado sin dilación conforman, junto a otros elementos como una magnífica fotografía, un tempo de cine sosegado pero intenso, una lección cinematográfica de alto nivel.


Por una lado, una apuesta armoniosa en su dirección; por otro, unos intérpretes -Jason Isaacs, Martha Plimpton, Ann Dowd, Reed Birney- sublimes, un reparto de excelencia para la paleta de sensaciones que es Mass, la confusión de una relación en torno a las pérdidas humanas, el conocimiento a través de una escondida caverna entre padres e hijos, un film potente, de 110 minutos, que necesita de una lenta asimilación por parte del espectador, un lienzo de grandes dimensiones, una mesa, un crucifijo y unos seres humanos que esperan llegar a un entendimiento final, cine de categoría y muchos, muchos quilates fílmicos.