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Crítica: "Seis días corrientes", por Paco España

Neus Ballús forma parte de la enorme cantera de realizadoras catalanas con un universo personal muy interesante y que merece la pena conocer. En Seis días corrientes ocurre lo mismo que con su trabajo de 2013, La plaga, que logra llegar con una extrema facilidad, al menos en apariencia, al alma de los personajes principales, que están interpretados por actores naturales, no profesionales, unos actores con los que funciona la empatía y el espectador se pone rápidamente en su pellejo, entendiendo y secundando sus acciones y reacciones cotidianas. En este caso, la historia se centra en tres trabajadores de una empresa de pequeños arreglos domésticos de albañilería, fontanería y electricidad.


Valero es el encargado, Pep es un trabajador a punto de jubilarse y Mohamed es un emigrante marroquí que la jefa de la empresa de mantenimiento (la esposa de Valero) ha seleccionado para poner a prueba y que sustituya la inmediata baja de Pep. En un primer momento trabajan los tres juntos hasta que el encargado y el emigrante trabajan solos y el primero no deja de quejarse del segundo diciendo que no pasará el periodo de prueba y que no le quiere trabajando con él, mostrando ciertas conductas racistas que se van modificando con el tiempo. Los tres trabajadores primero, y los dos en la segunda parte de la película, se introducen en las casas de los clientes que reclaman sus servicios y hacen de ocasionales voyeurs de vidas que le son ajenas, pero no solo observan, sino que interactúan con ellos, creando situaciones tan surrealistas como esperpénticas, pero a la vez profundamente humanas, que hacen que las relaciones entre los personajes se vayan modificando con el tiempo, a la vez que es espectador se va introduciéndose poco a poco en ellos, de los que se logra un profundo conocimiento.


Seis día corrientes, como la citada La plaga, tiene una notable vocación de documental, en cierto modo porque los personajes tienen mucho de las personas que los interpretan, pero es ficción al 100% ya que las escenas son preparadas y planificadas para que ocurra lo que dice el guion que ocurre, aunque Neus Ballús es capaz de proporcionar una naturalidad y un estilo muy personal que puede no ser del gusto de algunos espectadores, que pueden dudar sobre el tipo de historia que están viendo, pero no deja de ser una forma especial y distinta de concebir el lenguaje cinematográfico, que me parece interesante y muy entretenida, cosa que no pasa siempre con otras formas de expresión cinematográfica vanguardistas que pueden resultar tremendamente aburridas. No es el caso de Seis días corrientes.