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Crítica: "La historia de mi mujer", por Javier Collantes

El cine con reminiscencias del término clásico siempre permanece (en un nivel general), con las diferencias en el rodaje actual de una película que destella por sus hechuras del denominado eterno film, que nos traslada a una época determinada, dentro de su esencia, el cine de otra textura. A este ejemplo se corresponde la película La historia de mi mujer, dirigida con un excelente acierto por Ildiko Enyedi, cine procedente de Hungría, basado en la novela de Milán Füst que, con una capacidad de síntesis teatral, nos ofrece un film cuya capacidad visual es sobresaliente, un cuadro pictórico-cinematográfico sobre el deseo, los celos, freudiano, pasión expuesta con exactitud fílmica, a pesar de su metraje (169 minutos), a través de 7 episodios, sobre el devenir de los sentimientos y su porción de lo efímero de la vida, retratos en la mirada, gestos, detalles...


La historia de mi mujer nos narra un relato minucioso, sin parecer ser pero sí estar, sobre un capitán de un barco de largas travesías. Un día hace una apuesta con un amigo en un restaurante. Se casará con la primera mujer que cruce la puerta. A modo de relato abrumador, grandioso, que puede recordar por instantes al cine de Wong Kar-Wai, luces de directores en tonos distintos al cine más convencional, algo de Bergman, incluso de Scorsese, en una escuadra de relación marital, en un punto de vista del hombre y la mujer. El desborde, el mar, un barco, sus diálogos, con encuadres magníficos, una banda sonora casi perfecta, que se funde con una fotografía excelente cuya iluminación es una luz en cada aparición de sus personajes.


Una puesta en escena, diseño de producción y vestuario dignos de destacar, y, sobre manera, Lea Seydoux y Gijs Naber, junto al resto del reparto, consuman unos registros interpretativos de escuela de alto grado para los tonos literarios y la visión de la vida y la fragilidad de La historia de mi mujer, un croquis del amor en el que ella espera, él se diluye y sale a flote, las dudas, sus devaneos, cuyas secuencias son, a veces, las consecuencias de alguien que busca su sentido, un náufrago en tierra, un ser seguro en el mar, los planos de cada mirada del matrimonio, una mezcla doméstica de desolación y esperanza, un sentido de dos personas, distintas, él y ella, ella y él, una exquisita película reposada, pero apasionante, con un ritmo narrativo de tempo en ensoñación real y mental.