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Crítica: "La casa Gucci", por Javier Collantes

El cine como testimonio, inspiración libre de hechos reales, son un condimento impactante para ofrecer hechos acontecidos que, con el paso del tiempo, cobran una nueva dimensión. A este caso corresponde el film La casa Gucci, película dirigida por el intenso Ridley Scott, tan fulgurante como, en ocasiones, excesivo, pero conservando una personalidad propia de los cineastas de épocas pasadas en el séptimo arte en modo referencia a nuevos puntos fílmicos.


La casa Gucci, dirigida con un pulso acelerado, dispone y ofrece una historia sobre el mundo de la moda, en torno a un gran imperio. Filmada con las tonalidades del cine de los ochenta, su narrativa despista, pero intensifica cada instante, un relato apasionante para reponer en la retina del espectador un dilema sobre gustos cinematográficos, un film que entusiasma o te deja en el olvido, simple y de forma convulsa, su desarrollo trepidante y, a su vez, un retazo de luz sobre la composición de encuadres, a golpe de humor muy especial, pero, sobre manera, un drama de tintes sobrecogedores.


Dirigida de forma exponencial, con hechuras de grandes dimensiones, la película recompone un drama criminal en el entorno del asesinato, en 1995, de Maurizio Gucci, nieto del imperio Gucci, que apareció muerto, por orden de su exmujer Patrizia Reggiani ('la Viuda negra de Italia'), en una adaptación del libro de Sara Gay Forden, publicado en 2001, The house of Gucci. A Sensational story of murder madness, glamour and greed, un traslado a la pantalla grande que, con su narrativa, nos ofrece un film extraño, pero interesante, de metraje desmedido, sobre el poder, la ambición y las traiciones.


Por instantes onírica, sobre una base de aspectos disfuncionales y tintes shakesperianos de El padrino, su solvencia se manifiesta en la banda sonora de Harry Gregson-Williams, perfecta para el clímax; una fotografía sobresaliente, y personajes perfilados con un reparto de gran nivel: Driver, Pacino, Leto, Irons, Hayek y, sobre todo, Lady Gaga maravillosa e impactante. La casa Gucci es una película dispar, no pasada de moda y sensacional corte colorista.