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Crítica: "Ultima noche en el Soho", por Javier Collantes

Sueños y ficción se entremezclan en la vida real, en el cine y la imaginación, en este caso una película. El director Edgar Wright, para algunos un Dios fílmico respecto a su carrera cinematográfica -desde Scott Pilgrim contra el mundo o Baby Driver-, proyecta de nuevo su particular forma de narrar espectáculos con unas imágenes que, a lo largo de su carrera, transitan en sentido contrario al 'normal' de ver y sentir sus historias. Es, en estos tiempos de corrección fílmica, cuando Edgar Wright nos entrega, como carta (extra)ordinaria cinematográfica y con acuse de recibo mental, una película distinta, y a su vez con referencias a otros tiempos, Ultima noche en el Soho.


Nos encontramos ante un título potente y, a su vez, sugestivo desde un punto de vista comercial. A partir de luces psicodélicas, trasluce una aventura en dos tiempos, con espejos, suspense y demás elementos que, al modo de un thriller psicológico y fantástico, con viajes en el tiempo, termina por resultar realmente fascinante. Con pulso firme y un punto de cámara incesante y equilibrado, Wright relata en Ultima noche en el Soho la historia de una joven apasionada por la moda y fascinada por la de los años 60, recién llegada a Londres en la época actual, para estudiar diseño. Al abandonar la residencia donde comienza su periplo, para establecerse en una habitación en una casa del Soho, de repente entra en aquella década y se convierte en el alter ego de su admirada aspirante a cantante, un tiempo donde todo comienza a desmoronarse, un Londres diferente.


Fusionadas como misterioso relato pop, pesadillas, apariciones, asesinatos, y un cuadro beat, feminista y duro, en dos tramas, el film recuerda a Polanski, algo de Lynch, pero sobre todo a Dario Argento, un cruce de sensaciones con una excelente capacidad visual. Aspectos como la música de Steven Price y la fotografía de Chung Chung-hoon confieren una ambientación sobresaliente, tanto como los registros interpretativos de la joven Thomasin McKenzie, el gran Terence Stamp, la fallecida Diana Rigg y la sublime Anya Talor-Joy, incluso versionando la mítica canción Downtown, de Petula Clark. Ultima noche en el Soho es un asombroso film de los dos ángulos de un cristal que, a su vez, son el mismo.