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Crítica: "Titane", por Javier Collantes

Existen en el panorama cinematográfico actual, de vez en cuando, películas que conforman una serie de ideas transportadas de la vida a una 'ficción' que conlleva ciertos aspectos de la realidad llevados al terreno de la caligrafía fílmica, terrenos abonados en su aspecto visual, más demoledores, controvertidos e impactantes, películas cuya misión es exponer otras ideas del mundo. Con esta breve exposición entra en juego Titane, coproducción entre Francia y Bélgica que dirige Julia Ducournau, cineasta que ya con su anterior Crudo hizo ver otros aspectos del lenguaje cinematográfico.


Ahora llega a las pantallas de cine, premiada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Titane, un relato arriesgado, impactante, extraño y transgresor, una pieza fílmica especial, digna de estudiar en cada encuadre del mismo, asumiendo su digestión mental con tiempo, espacio y ganas de entender ¿qué está pasando?, un relato que nos lleva a otra dimensión del ser humano, pura piel. Titane nos cuenta la huida de una asesina en serie, una joven con la cara transformada que dice llamarse Adrien Legrand, un niño que desapareció hace unos años.


La vuelta a casa con su padre años después supondrá el final de una pesadilla. Con una conducción en la dirección perfectamente encajada y una banda sonora potente sincronizada con las secuencias en cada plano, el film es un slasher lleno de violencia y terror, pero también el amor hacia la familia y la afectividad emocional y sexual, todo ello en un contexto de fantasía y horror que destila perturbación a cada instante, a través de su potencia visual, tan extraña como enigmática, un thriller dramático en el que destacan las interpretaciones de la pareja principal del reparto.


Vincent Lindon y Agathe Rousselle componen miradas, lágrimas, respuestas, cuerpos metálicos, andrógenos, identidad de género... un retrato de la búsqueda de amar y ser amado. Con tintes ásperos, hiperviolentos y existencialistas, Titane recuerda por momentos al Cronenberg de Crash y discurre por cauces sorprendentes con la escritura alegórica de la verdad y la mentira, los encuentros y sentimientos, un film distinto con carburante, protagonistas que no se diluyen y un final que te deja sin palabras, gusta y provoca con la sensación de haber sido hipnotizado por una experiencia (in)consciente.