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Crítica: "Mediterráneo", por Paco España

Con este título me ocurre algo similar a lo que me pasó cuando escribí mi anterior reseña para la película Maixabel, que tiene tal carga de emotividad que resulta difícil juzgarla únicamente por sus méritos cinematográficos, sería algo similar a tener delante la famosa fotografía del niño sirio ahogado en la playa Aylan y juzgarla solamente por su composición, su tratamiento de la luz o por el nivel de la combinación cromática. Por cierto, esta fotografía tiene un gran importancia argumental en la película de la que estamos hablando ya que, según se dice, fue el desencadenante para que Óscar Camps dejara su trabajo en las playas de Barcelona, salvando bañistas de las medusas, y se fuera a la isla griega de Lesbos a salvar seres humanos de una muerte cierta en el Mediterráneo.


A la persona que vea esta película, y tenga un mínimo de empatía, le emocionarán las situaciones que ve en pantalla y, aunque ninguna de las imágenes suponga una sorpresa porque es ampliamente conocida la situación por las que mueren miles de personas al intentar cruza a Europa por mar, no le dejarán impasible y, en muchas de las secuencias, se sentirá con el agua al cuello en los distintos rescates extremos que vemos en la película. Mediterráneo nos cuenta la génesis y los primeros meses de la intervención de este pequeño grupo de españoles en la isla griega y de las tremendas dificultades que tuvieron por parte del entorno y las autoridades locales.


La película está rodada con corrección estética, pero también ética, ya que se trata de una situación que tuvo lugar muy recientemente, en 2015, y, además, el guión está basado en una historia del director, Marcel Barrena, y del propio Óscar Camps. Esta cercanía a los hechos y las personas protagonistas hace que la historia tenga que ser escrupulosamente fiel a los hechos y el cine de ficción no se cimenta en ser una fiel versión de la realidad, para eso están los documentales, por eso se echan en falta los fuertes conflictos personales que se producen en una situación tan extrema y que hagan cambiar a los personajes, ya que estos permanecen invariables toda la película, ellos y ellas no cambian, los que cambien son los hechos y las situaciones por las que atraviesan, pero esos ya las conocemos por los distintos medios de información de la actualidad a los que tenemos acceso.


Aun así, Mediterráneo es una película muy interesante, que se compromete en narrar una tragedia actual y para hacernos un poco más conscientes de la frágil burbuja de cristal en la que vivimos los privilegiados del primer mundo, que está muy alejada de lo que ocurre en la generalidad del resto del planeta. Para ello cuenta con un excelente reparto encabezado por Eduard Fernández (La hija de un ladrón), capaz de dar verosimilitud y humanidad a un guerrero de terracota. Además, también aparecen en papeles protagónicos Dani Rovira, en su segunda colaboración con el director tras la interesante 100 metros; Anna Castillo (Viaje al cuarto de una madre); Sergi López (La boda de Rosa); Álex Monner (El cover); Patricia López Arnáiz (Anne) y Melika Foroutan, ésta última estupenda actriz germano-iraní encargada de dar vida al único personaje friccionado y mas emotivo de la película.