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Crítica: "Nora", por Paco España

Nora es la segunda propuesta de la productora, directora y guionista vizcaína Lara Izagirre tras la interesante Un otoño sin Berlín. En esta ocasión nos cuenta la historia de una joven, no tan joven, que pierde a su abuelo, un emigrante vasco que estuvo gran parte de su vida en Argentina, interpretado de manera brillante por Héctor Alterio. La relación con su madre echa chispas en cada segundo en el que están juntas porque son demasiado similares y, aunque se quieren y se necesitan, su relación es de enfrentamiento permanente. Tras la muerte de su abuelo, uno de sus pilares principales, su vida se desmorona y emprende un viaje por la costa vasco-francesa para depositar las cenizas de su aitona (abuelo). El viaje es un acercamiento a la odisea de Ulises en busca de su Ítaca personal y tan indisimulada es la referencia que la librería que supone una de sus paradas más importantes, en la costa francesa, lleva el nombre de Ulises.


Nora emprende un viaje, necesariamente solitario en el viejo y destartalado Citroën de su abuelo. En ese viaje introspectivo debe dar cierre a algunos aspectos de su vida pendientes y abrir nuevos caminos determinantes en su futuro, por eso es un viaje privado e introspectivo en busca de su propio yo. La película es pausada, muestra sin alharacas la transformación personal de la protagonista, acertadamente interpretada por Ane Pikaza, que cuenta también con los buenos trabajos de Ramón Barea, Klara Badiola e Itziar Ituño. Una película que busca la sustancia del comportamiento y el pensamiento humano y lo hace con acierto.


Bajo un criterio puramente personal del que escribe estas líneas, en propuestas semejantes siempre me encuentro con el mismo problema. En películas que están rodadas en un idioma del estado que no es el castellano, es decir, gallego, catalán y euskera, como es el caso objeto de este análisis, los propios actores y actrices que han rodado en su idioma original se doblan ellos y ellas mismas al castellano, pero no son actores de doblaje, por lo que se crea una diferencia a veces demasiado evidente entre las expresiones que se ven en la imagen con la entonación que se esta oyendo doblada. Esto me produce el efecto de sacarme frecuentemente de la película, algo nada satisfactorio para una visualización y disfrute de la misma en las mejores condiciones, por lo que mantengo que la mejor opción es el subtitulado, como ocurre en Nora con las secuencias que están rodadas en francés y en inglés.