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Crítica: "El hambre de invierno (The winter hunger)", por Paco España

El pasado sábado, 17 de julio, tuvo lugar, en el cine Concha Espina de Torrelavega, el pre-estreno de un proyecto largamente esperado, el largometraje de Álvaro García El hambre de invierno (The winter hunger), que comenzó su gestación en 2015 y que ha sido llevado a cabo de manera totalmente altruista por todo el equipo, a excepción de los responsables de la música y el color, que han sido los únicos que han cobrado. Por lo tanto resulta muy complicado hablar de este título en términos que no sean de generosidad, esfuerzo descomunal y sacrificio personal. Aunque estas características no deben ser las bases habituales en la construcción de un proyecto cinematográfico de estas dimensiones, ya que la generosidad y el esfuerzo que se pueden ofrecer para la realización de un cortometraje no tiene nada que ver con las dosis necesarias para hacer un largometraje.


El argumento de El hambre de invierno (The winter hunger) se centra en un grupo de cinco personas que se alejan de un entorno urbano habitual en busca de la seguridad del entorno rural, ya que se ha producido una infección generalizada que convierte a los humanos en algo parecido a muertos vivientes. En ese periplo pasan por parajes conocidos, con los habituales panoramas de películas de estas características, autopistas colapsadas y jalonadas por vehículos abandonados, parajes urbanos en los que la maleza ha ido ganando terreno por la desaparición de los humanos, basuras, detritus y restos de todo tipo en el camino de los protagonistas. Todos ellos están realizados con una técnica realmente excelente, se trata de secuencias con una recreación digital muy importante, pero que no se hace evidente a la mirada del espectador. Según Álvaro García, este trabajo digital, que está presente en 1200 planos de la película y fue llevado a cabo altruistamente por la empresa Línea-64 Efectos Digitales de Barcelona, con Juan Antonio Écija al frente, podría tener un valor de mercado cercano al millón de euros.


El grupo de cinco personas citado está interpretado por Gustavo Fernández, Mariu Ruiz, Beatriz Toyos, Consuelo Carravilla y Jeison Ossa, llega al pueblo en busca de la seguridad y se encuentra a otro grupo de inquietantes personajes encabezado por David Mayora y en el que también nos encontramos a Esther Lastra, Ana Luisa Pérez de la Osa, Pilar Revuelta y Sara Márquez, como principales personajes. Todos ellos actores y actrices de Cantabria que defienden sus personajes con una eficacia notable en trabajos muy meritorios. El guión que se ha ido construyendo a medida de la disponibilidad de intérpretes y localizaciones, nos cuenta la situación de supervivencia extrema de los personajes, introduciéndose de manera superficial en temas como las disputas familiares en el ámbito rural o el maltrato en el ámbito de la pareja, pero estas ramificaciones argumentales no se desarrollan mas allá de lo que las situaciones apocalípticas lo permiten y no es mucho.


Las referencias mas notorias que se pueden apreciar en El hambre de invierno (The winter hunger) son La carretera, la película protagonizada por Viggo Mortensen y basada en la durísima novela de Cormac McCarthy -que no es una historia de zombis- y la popular serie televisiva The Walking Dead, que sí lo es. Y no son malas referencias. Es de agradecer al Ayuntamiento de Torrelavega, a través de la Agencia de Desarrollo Local, la ayuda prestada para la finalización del proyecto y que la fiesta del pre-estreno se pudiera disfrutar generosamente en el magnífico teatro de la ciudad. Además sería de un importancia vital que el Gobierno de Cantabria se involucrara en la distribución de esta película, ya que cualquier mención o premio para una producción totalmente cántabra funcionaría como una magnífica caja de resonancia para esta región. Visto el resultado no cabe otra que felicitar a todas las personas de los equipos técnico y artístico, especialmente a su director Álvaro García por haber llevado a término un proyecto tan complejo como éste, que nos deja una película cántabra al 99,9%, de género fantástico al mas puro estilo norteamericano, de una manera tan digna.