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Crítica: "Otra ronda", por Javier Collantes

Existe una clase de cine que muestra las holguras, los inconvenientes, los cambios en la existencia humana, cine más comprometido sin dejar de lado su vertiente en los conceptos cinematográficos básicos de llegar al espectador que exige otros valores en el arte fílmico. A este ejemplo en la narrativa cinematográfica corresponde la película Otra ronda, un film de Dinamarca dirigido por Thomas Vinterberg, alejado del movimiento Dogma aunque conservando ciertos tonos que con rigor aparecen de modo más sutil.


El argumento resulta sorprendente. Cuatro profesores de instituto y un experimento sociológico en el que cada uno de ellos deberá mantener la tasa de alcohol en su cuerpo al mismo nivel durante su vida diaria, intentando demostrar que pueden mejorar en todos los aspectos de la vida, siempre controlando el alcohol ingerido en su sangre. Según un psiquiatra y filósofo noruego, el hombre tiene un déficit de alcohol del 0,05% y se equilibra con dos copas de vino al día. Con esta historia, el film se desarrolla de forma magistral.


Con una dirección impecable, incluso con pequeñas concesiones aparentemente domesticadas, su equilibrada transición narrativa discurre con total acierto e incluye secuencias atronadoras e impactantes, también con cierto humor muy fino. Una banda sonora maravillosa, una fotografía muy digna en cada plano, más las excelentes interpretaciones de un gran reparto -entre las que destacan Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen y Magnus Millang- resaltan un sutil retrato de una vida adulta, el vacío, entre la causa y el efecto.


La película nos describe una situación de corte psicológico y los comportamientos de los personajes. Diálogos, enfrentamientos, hermandad, cambios... profunda tristeza con paso a cierta esperanza, unos cánones de film trepidante, sin juzgar o ser un estudio del alcoholismo y sí presentar una situación. Como variante de El club de los poetas muertos, Otra ronda, sin extrañar su éxito, es una copa de buen cine que se degusta con placer y gusto, cine que salpica pero no se diluye con un final apoteósico.