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Crítica: "Bajocero", por Paco España

Bajo una vestimenta formal elegante y atractiva se encuentra un cuerpo realmente famélico. Lluís Quílez, su director, cuenta en su haber con el poco afortunado largometraje norteamericano Out of the dark y el notable cortometraje Yanindara. Bajocero es la última ficción española que ha estrenado la plataforma Netflix, coproducida por Morena Films del cántabro Álvaro Longoria. Se trata de un thriller con un planteamiento interesante: el traslado, durante la noche, de un furgón de reclusos por parajes desiertos, cuando, en mitad del trayecto, un elemento externo impide su camino.


La apariencia formal se presenta interesante: un furgón de la policía, repleto de luces en la noche (muy inadvertido no pasa), con un montón de planos aéreos de dron, hasta que la marcha del furgón es detenida. La intriga ya está montada. Tenemos dos aspectos muy importantes de una película que parecen apropiados: el planteamiento y la composición visual. Además, Bajocero cuenta con un plantel de actores fuera de toda duda, encabezados por Javier Gutiérrez (Campeones), Karra Elejalde (Ocho apellidos vascos), Luis Callejo (Tarde para la ira), Patrick Criado (Antidisturbios) o Andrés Gertrúdix (Morir). Con este tercer aspecto, el interpretativo, el éxito prácticamente está asegurado porque probablemente haya sido el título más visto de la plataforma el pasado fin de semana.


Con tantos mimbres, en principio adecuados, para obtener una película notable: ¿Qué es lo que puede fallar? Pues el guión, que tiene más goteras que un edificio de Calatrava. No sólo falla, sino que es un cúmulo de despropósitos notable. Evidentemente no puedo desvelar ninguno de ellos en estas líneas, porque se trata de un thriller de suspense policíaco y muchas personas querrán verlo sin conocer detalles con anterioridad, pero da la impresión de que el guión, firmado por el propio director y Fernando Navarro, tenía claro cual era el planteamiento y el final, dejando las situaciones intermedias, que son muchas e importantes, sin un desarrollo adecuado, de manera que cuando estaba viendo la película me preguntaba a mi mismo ¿y esto?, ¿y esto otro?...


Hasta que dejé de hacerlo porque me estaba perdiendo la película. Así que decidí prescindir de cualquier viso de credibilidad, porque la película no me lo iba aportar y centrarme en las interpretaciones y los aspectos visuales, algo que no conseguí del todo porque algunos de los derroteros por los que transcurre la historia me parecían cercanos al ridículo. Aún así, puede ser un título disfrutable como pasatiempo, pero es necesario bajar notablemente el nivel de exigencia y no haber visto antes, por poner un ejemplo policíaco, Antidisturbios, porque entonces la comparación puede ser terrorífica.