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Crítica: "La mujer ilegal", por Paco España

La mujer ilegal comienza de la misma manera que lo hacía la excelente película francesa La maladie de Sachs (Las confesiones del doctor Sachs), que ganara la Concha de Plata al Mejor Director y al Mejor Guión (Michel Deville) en la edición de 1999. En aquella, su protagonista, el actor Albert Dupontel, abría la película detrás de la mesa de su consulta, atendiendo a sus pacientes: en un plano se le veía preguntar y en el contraplano se veía al paciente, con la característica que, en cada contraplano, el paciente era diferente. Con este recurso cinematográfico, el espectador tiene en pocos segundos una amplia información del personaje, tanto de su trabajo como de su personalidad.


Lo mismo ocurre en La mujer ilegal con Fernando, un asistente social que atiende a emigrantes ayudándoles a conseguir los papeles de su legalización en España. Este personaje está interpretado por el actor de origen argentino Daniel Faraldo, cuya carrera ha transcurrido mayoritariamente en Estados Unidos, habiendo trabajado con directores como George Cukor, Abel Ferrara o Curtis Hanson. La película adopta un tono semidocumental en la que se describen situaciones reales de emigrantes en las instituciones gubernamentales de vergonzosa existencia denominadas CIEs (Centro de Internamiento de Extranjeros), lugares similares a cárceles donde se recluye a emigrantes cuyo único delito es haber llegado a España de manera ilegal.


Esta trama se entremezcla con otra de ficción, de corrupción compartida entre policías, gestores de estos centros y proxenetas de clubs de prostitución, lugares donde se encuentran retenidas mujeres llegadas en penosos viajes desde África central, ejerciendo el único trabajo que les es posible, atrapadas en redes de las que les es imposible salir, si no es por la solidaridad y dedicación de algún honesto funcionario como Fernando, nuestro protagonista, que en una subtrama de la película se encuentra en una difícil situación familiar con su esposa.


La película de Ramón Térmens alterna situaciones ficcionadas de personas reales, como es el caso de Idrisa Dialo -guineano fallecido tras pasar por el CIE de la zona franca de Barcelona en extrañas circunstancias-, con otras propias de thriller, como las interpretadas por Gorka Lasaosa (serie El caso) e Isak Férriz (Las distancias), pero su ensamblaje no es perfecto, se ven las grietas en muchos momentos, un defecto que puede ser obviado si el importante mensaje humanista que intenta transmitir llega a un espectador sensibilizado por esta cruda realidad social.