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Crítica: "El doble más quince", por Paco España

El doble más quince se estrenó en cines a finales de febrero y desde hace pocas fechas se puede ver en Movistar. Es la historia de dos personas que unen sus soledades y sus deficiencias afectivas, pero lo que la hace más singular es su seria brecha de edad, él tiene 15 años y ella 45, y supone el desarrollo de la situación que el director bilbaino Mikel Rueda ya presentara en el cortometraje Caminan (2016) contando con la misma pareja de intérpretes: el seguro de vida y siempre estupenda Maribel Verdú y el joven, aunque no tanto como su personaje, el también bilbaíno Germán Alcarazu, al que ya pudimos ver en el interesante debut de Mikel Rueda en el largometraje con el título A escondidas.


Ella es una profesional de la medicina, con dos hijos de corta edad, en un cómodo y anodino matrimonio carente de chispa (es una pena que el estupendo actor que interpreta a su marido, Jorge Bosch, tenga unas breves apariciones, prácticamente anecdóticas). Y él es un joven estudiante, carente de figura paterna, que vive junto a su madre en una situación económica muy precaria, lo que le lleva a buscar ingresos rápidos, ofreciéndose por Internet, momento en el cual es contactado por ella, que se encuentra en esa edad en la que la los años no pasan, sino que galopan, como dice su personaje, la juventud se escurre entre los dedos y la vejez se aproxima a la misma velocidad a la que los hijos abandonan su niñez.


Las películas que tratan el tema de las relaciones entre una persona adulta y otra menor de edad tienden a moverse por un peligroso filo de la navaja, ya que éstas son ilegales y siempre aparece la posibilidad de la explotación y abuso de uno sobre el otro. Pero eso no tiene por qué ser siempre así y también se puede crear una relación libre, honesta y sincera entre dos personas con gran diferencia de edad, como ocurre en la película, que se centra absolutamente en los dos protagonistas, desenfocando o sacando de planos a otros personajes que aparecen en la trama, lo mismo que ocurre con las bellas localizaciones de la ciudad de Bilbao, donde se desarrolla la acción.


El doble más quince es una película estimable que puede correr el riesgo de ser vilipendiada socialmente por tratar unos de esos infranqueables temas tabú y, más en este caso, en el que la persona de más edad es la mujer, algo que ya ocurrió con la excelente película Harold y Maude (1971), de uno de los directores más interesantes y a la vez visionarios del siglo XX, el gran Hal Ashby.