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"¿Queda lejos aquel Mayo (de cine II)?", por Javier Collantes

Por más que el tiempo pueda empezar a desgastar ciertas posiciones cinematográficas, el séptimo arte no sólo conforma simple y justo entretenimiento, a menudo también entra de manera comprometida con una historia y obtiene trascendencia dentro y fuera de la pantalla, un retazo de la Historia con el propósito de empatizar en un escenario de cine con la memoria a través, sin lugar a dudas, de la sapiencia de un cineasta.


Con estos mimbres, el director italiano Bernardo Bertolucci firmó Soñadores (2003), una gran película que, con las circunstancias de mayo del 68, destila la esencia de su filmografía sobre la base de las interpretaciones de la excepcional Eva Green, Michael Pitt y Louis Garrel, personas y registros que actualizan una mirada propia de la nouvelle vague contextualizada en otro momento del lenguaje cinematográfico.


Soñadores es una historia de cine y revolución, cine con sentimiento cuyo argumento nos relata una peculiar posición sobre mayo del 68, una historia que nos lleva a ese momento y a una juventud formada por estudiantes insatisfechos que desean cambios en los ámbitos sociales y políticos. En ese París, dos hermanos, Isabelle y Theo, conviven solos, hasta que invitan a su apartamento a Matthew, un estudiante norteamericano.


Tras conocerse durante la proyección de una película en una sala de cine, los tres terminarán viviendo en el mismo apartamento y establecerán unas normas para conocerse mutuamente. Las emociones, el juego y el erotismo pivotarán sobre un vértice de riesgos en dicha convivencia a cada instante, momentos de recuerdo a Truffaut, Jules y Jim, o las referencias a El último tango en París, pero predominando el impacto de mayo del 68.


Entre perturbadora y sugerente, Soñadores conmueve por su intensidad y su estudio de la utopía, la libertad sexual, el amor por el cine... las diatribas de aquel mayo francés, un ensayo excelente de unos personajes en su propio experimento. Tan trepidante como hermosa, con una banda sonora acorde a su tiempo, el Bertolucci consciente y contestatario firma un film casi de culto, brillante, Soñadores, nutrir puro del cine de piel.