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Crítica: "El silencio del pantano", por Paco España

Esta película se estrenó en salas en los primeros días del año y a principios de abril en la plataforma Netflix. Está dirigida por el asturiano Marc Vigil, suponiendo su primer trabajo largo ya que su trayectoria anterior ha estado mayoritariamente centrada en series de televisión con considerable éxito popular -como 7 Vidas, Aída, Águila roja o El ministerio del tiempo-, además del interesante cortometraje Amor, dinero y salud, por este orden.


El silencio del pantano está interpretada, en su papel protagonista, por el actor Pedro Alonso, alguien que no se prodiga demasiado a pesar de su gran calidad y al que pudimos ver en La playa de los ahogados y en las series Gran Hotel, rodada en Santander, y La casa de papel. Acompañándole en el reparto encontramos intérpretes de la calidad de Nacho Fresneda (El ministerio del tiempo), José Ángel Egido (María y los demás), Carmina Barrios (Carmina o revienta), Alex Monner (La línea invisible), Luis Zahera (El reino), Javier Godino (El secreto de sus ojos) y Maite Sandoval (Kiki, el amor se hace), todos ellos con un trabajo relevante, especialmente la matriarca de la familia León, que se come la pantalla en todos los planos en los que aparece.


Esta calidad de todos los intérpretes pone de manifiesto un buen guión, en el que hay una buena definición de personajes y al que le ha acompañado una esmerada dirección de actores. El silencio del pantano es un thriller literario-político, con un escritor de novelas que narra las peripecias de un asesino en serie. Ambos personajes, el escritor y el asesino, están interpretados por Pedro Alonso, lo que produce una fusión dramática entre uno y el otro.


La ficción crea un paralelismo entre la corrupción política del pasado reciente de la Comunidad Valenciana y la podredumbre del fango más profundo de la albufera en la misma región, lo que permite una implantación de imposible erradicación de las cañas que emergen a la superficie. La película tiene un ritmo trepidante y, cuando te parece que los sucesos argumentales se están encaminando hacia el final, miras con extrañeza el reloj, para comprobar que ya solamente quedan diez minutos y entonces ser consciente del buen rato que te ha hecho pasar. ¿Se puede pronunciar un elogio más diáfano hacia una película? Sí, claro que se puede, pero éste suele ser uno de los más estimulantes.