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"Primavera 'trumpetena' de cine I", por Javier Collantes

La primavera como estación de sentimientos, sensaciones, romanticismo, cambios, colores, flores... ha sido estudiada bajo la literatura, el teatro y el cine desde razonamientos de toda índole. Participando de esta fiesta multicolor, muchos  cineastas la han expuesto en sus apuestas narrativas con su mirada desde la cámara y desde diferentes puntos de vista.


Existen muchas películas que, en mi criterio subjetivo, destacan por su halo romántico, valor que encaja perfectamente en nuestro tiempo, en el cine y en dicha estación. Los puentes de Madison (1995), film dirigido por el gran Clint Eastwood, nos emociona por las connotaciones de una primavera romántica con el drama, el dolor y el sentimiento de una pareja.


La excepcional Los puentes de Madison nos relata la historia de una solitaria ama de casa y un fotógrafo del National Geographic durante cuatro días. Entre paisajes, puentes, miradas y diálogos, y a modo de Breve encuentro, de David Lean, Eastwood, junto a la extraordinaria Meryl Streep, retrata una historia llena de momentos que llegan al espectador.


Cada uno de ellos, en su paso por Iowa, respiran esencia de cine clásico, con las geniales interpretaciones y la banda sonora, la paleta de color... Los puentes de Madison es una película de ritmo pausado, en compás de espera, sobre una mujer entre la desesperación de las ausencias afectivas y nuevos soplos de vida y amor sacrificado por las circunstancias.


Con exquisitez y un final simplemente sublime, estos 'puentes' son construidos con un sentimiento interno que perfora hasta la caverna más profunda. Ya es primavera, y, en su continuidad de secuencias inolvidables con un gran angular del cine en su pura realidad, Los puentes de Madison permanece imborrable en el paso del tiempo, eterna y magistral.