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Crítica: "Lo que arde", por Paco España

Lo que arde supone la gran sorpresa de las nominaciones a los próximos Premios Goya haciéndose acreedora, nada menos, que a las de Mejor Película y Director, además de a las de Fotografía y a la Mejor Actriz Revelación. Como tal, no parece que sea la candidata preferente para alcanzar el triunfo, pero nunca se sabe cual va a ser la reacción de los miembros de la Academia de Cine porque parece que este año le están preparando el 'caldo gordo' a Pedro Almodóvar y su gran ejercicio de autocomplacencia llamado Dolor y gloria, secundado por el siempre eficaz Antonio Banderas, eso si el triunvirato vasco de Moriati no lo remedia con su estupenda La trinchera infinita.


Para un espectador con paladar exquisito, sin duda ésta es su película. La narrativa se toma su tiempo para acercarnos a los personajes, sin prisa pero sin pausa, que se impregnan en nuestra mente, como la fina lluvia lucense que decora sus secuencias. Es una película para dejarse llevar y disfrutar de la sutileza de las miradas y de las pocas frases que se articulan en ella, disfrutar de la espléndida fotografía que compone todo un rico y bello encuadre pictórico en cada plano, ya sean con lluvia, con sol, con niebla o durante la noche. El incendio nocturno que ocupa la última parte de la película es de una espectacularidad y belleza extraordinarias.


Además es destacable la sugerente música barroca que suena en determinados pasajes. Benedicta Sánchez está nominada a Mejor Actriz Revelación como madre del personaje que llega a su pueblo natal tras haber pasado un largo tiempo en la cárcel por pirómano. La primera pregunta que le hace cuando llega sorprendentemente a la casa, y después de observarle durante unos segundos, es '¿tienes hambre?'. No cabe más amor en una pregunta como ésta. Hay mucha comunicación no verbal entre personajes, como la que se produce entre el protagonista y la veterinaria, que es de una gran intensidad, apuntando a una incipiente historia romántica, sin apenas articular palabra.


También es cierto que es recomendable no asistir a la película con cansancio o sueño acumulado, porque, si es así, lo más probable será caer en brazos de Morfeo y para cuando llega la secuencia del incendio, que incorpora mas acción y movimiento, podemos disfrutar de ella. Oliver Laxe, su director, que tuvo que obtener, junto con su equipo, la titulación de bombero forestal para poder filmar durante el incendio, es responsable de Mimosas (2016), un extraño western norteafricano emparentado con Los tres entierros de Melquíades Estrada, y anteriormente, en 2010, del documental Todos vosotros sois capitanes, que se alzó con el Premio al Mejor Largometraje en el Picknic Film Festival que organiza en Santander el multifacético creador Luis Bezeta.