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Crítica: "Ara Malikian. Una vida entre las cuerdas", por Paco España

Este documental se alzó como ganador del premio Goya en la última edición, como ya había ocurrido en la entrega de los premios Forqué, con la dirección de la guionista y realizadora aragonesa Nata Moreno, responsable también del cortometraje Le Chat Doré, un irónico trabajo en el que participaron, además del propio Malikian y entre otros, Javier Cámara, Roberto Enríquez, Brays Efe, Carmen Ruiz, Cristina Castaño y Miguel Rellán, sobre la aplicación del 21% de IVA sobre actividades culturales.


La directora, que además es pareja del músico armenio, ha recogido el legado fotográfico guardado por el abuelo de éste cuando pudo sobrevivir, casi  milagrosamente, al genocidio del pueblo armenio a manos del imperio otomano entre 1915 y 1923, gracias al violín que un veterano músico le cedió para que pudiera salvarse. Dicho genocidio provocó la diáspora por la que la mayoría de la población armenia vive fuera de su territorio, en distintos países distribuidos por todo el mundo, prueba de lo cual se personifica en el propio Ara Malikian.


Este músico, cuya forma de tocar se puede encuadrar perfectamente dentro de la genialidad (catorce horas diarias de ensayo durante muchos años hace más factible llegar a ser un genio), tiene mucha relación con Cantabria, ya que durante varios años fue el director artístico y uno de los participantes de los Caprichos musicales organizados, durante los veranos, por el ayuntamiento de Comillas, gracias a los cuales un puñado de no más de un centenar de afortunados espectadores, entre los que me encontraba, pudimos disfrutar de un concierto en el Palacio de Sobrellano, pleno de su arte y de su divertida socarronería.


Hoy en día, Ara Malikian es capaz de llenar teatros, estadios y plazas de toros, llevando su cautivadora forma de interpretación de la música clásica a gran número de personas, huyendo de la exclusividad elitista que suele tener este tipo de música y de la que el intérprete siempre ha huido. De su nacimiento en una zona de guerra como el Líbano, de su adolescencia, de la importancia del violín en su vida, de su estancia en diversos países europeos hasta llegar a España, de su hijo Kairo de cinco años -que según una reciente entrevista con David Broncano ha limitado mucho su vida sexual-... trata este magnífico documental, que cuenta la genialidad de un hombre que nunca ha dejado de estar apegado a la realidad que proporciona haber pasado de tocar en el metro, cuando nadie le hacía caso, a ser un ídolo de masas internacional.