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Crítica: "Aguas oscuras", por Javier Collantes

Cuando el cine, o mejor dicho sus películas, sirven para realizar obras sacadas de la realidad en modo testimonial y que el espectador se introduzca en casos que salen a la luz en unas propuestas de saber qué hizo y hace un gran aparato poderoso sin ningún tipo de escrúpulo para beneficiarse de todo sin tener en cuenta al ciudadano, caiga quien caiga.


Cuestiones peliagudas que el séptimo arte sabe reflejar en sus historias e imágenes. Labor de cineasta comprometido como Todd Haynes, que, con una filmografía variada, demuestra su buen hacer en cada película -Carol, Lejos del cielo- y en su último film, Aguas oscuras, donde con sapiencia ofrece al espectador una clase de cine que pertenece a otro estilo.


Aguas oscuras, dirigida con buen pulso narrativo, nos introduce en un relato apasionante, basado en hechos reales, que recoge de un artículo publicado en 2016 en The New York Times Magazine, un relato fílmico preciso perteneciente a una tesis cinematográfica de los años 70 del siglo XX, la lucha de un abogado de grandes empresas corporativas.


A raíz del contacto con un granjero de una zona de Estados Unidos, que le cuenta que sus reses de ganado han muerto de forma repentina a causa de una intoxicación en el agua y sus terrenos, el abogado cambiará de bando e iniciará una investigación ante una todopoderosa multinacional llamada Dupont Corporation, foco contaminante durante décadas.


Impecable, envolvente, vertiginoso y compacto, Aguas oscuras es un thriller dramático perfectamente construido, un intenso documento de cine analítico cuya fotografía se adecúa al paisaje narrativo y cuenta con un notable reparto interpretativo sobrio y excelente: desde Mark Ruffalo a Tim Robbins pasando por otr@s como Anne Hathaway, Bill Pullman...


Película de cine de denuncia, juicios, investigación, abogados, poder, empresa, gobierno, agua, teflón, lucha, destilación... Aguas oscuras, un film necesario de ver con calidad desde muchos vértices, filtra celuloide de transparencia y Haynes potabiliza conflictos ciudadanos para terminar filmando un haz de luz en pantalla grande.