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Crítica: "Ventajas de viajar en tren", por Paco España

En la anterior reseña hablé de la película El hoyo, y decía que era una de las más desconcertantes a las que me había enfrentado. Pues Ventajas de viajar en tren no le va a la zaga ni mucho menos. No es casualidad que ambas estuvieran presentes en la última edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges. También es la ópera prima de su director, Aritz Moreno, prestigioso cortometrajista con el excelente trabajo, premiado en multitud de festivales, Cólera, donde ya demuestra su capacidad para crear atmósferas turbias. Las similitudes con El hoyo no acaban aquí ya que, en la producción, también aparecen el Gobierno y la televisión vascas, y además, como en aquella, la aportación de la calidad interpretativa es fundamental para la buena calidad del producto final, aunque su devenir esté plagado de desconcierto, paranoia, humillaciones y situaciones repugnantes, sin por ello abandonar el género de comedia dramática al que pertenece.


No existen en esta película protagonistas claros, ya que todos los personajes importantes tienen un peso en la historia muy similar, realizando todos ellos trabajos arriesgados y nada convencionales, como es el caso de Luis Tosar (Quien a hierro mata), Ernesto Alterio (Perfectos desconocidos), Pilar Castro (Julieta) y Quim Gutiérrez (Primos), de igual modo a los personajes no principales como Belén Cuesta (La trinchera infinita), Javier Godino (El secreto de sus ojos), Ramón Barea (Todos lo saben), Macarena García (La llamada) y Javier Botet (REC, It), pareja ésta última que protagoniza la historia romántica mas entrañable que termina atragantándose.


La película requiere la complicidad del espectador ya que las diferentes historias que la componen se van superponiendo como capas de una cebolla. No existe una construcción lineal y los personajes que aparecen cambian de nombre o el mismo nombre cambia de intérprete con frecuencia, lo que necesita que la atención del espectador esté alerta ante los giros que se presentan. La complejidad del guión de Javier Gullón, sobre la novela de Antonio Orejudo, provoca que los caminos argumentales avancen y retrocedan imprevisiblemente y que se creen situaciones, en principio cotidianas, que llegan a ser absolutamente surrealistas.


Como decía el gran genio del humor gráfico Antonio Fraguas, Forges, 'el tren es el avión perfeccionado' porque en tren produce una fascinación que no se experimenta otro medio de transporte. ¿Quién no ha vivido la intensa emoción que se produce que el tren arranca? Y si prescindes de hundir tu mirada en el smartphone, puedes disfrutar del paisaje, observar el comportamiento de los viajeros y hasta iniciar una efímera conversación con una persona desconocida que puede llevar a caminos nunca transitados, como les ocurre a los personajes de Extraños en un tren, de Alfred Hitchcock, por eso la película comienza cuando un viajero le dice a su compañera de viaje 'le apetece que le cuente mi vida'. Inimaginables pueden ser los lugares a los que lleva semejante pregunta.