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Crítica: "Mientras dure la guerra", por Paco España

La frase del título hace referencia a la coletilla que se introdujo en el documento promulgado por la junta de militares sublevados tras el alzamiento, por el que se hacía Jefe del Estado a Francisco Franco. En las sucesivas revisiones militares, esta coletilla desapareció, lo que trajo como consecuencia la ocupación de ese puesto durante cuarenta años. Alejando Amenábar es el más ecléctico de los directores de cine españoles. Su cine, siendo técnicamente impecable, no posee puntos de conexión para que su autoría sea reconocible entre sus diferentes trabajos.


Aun así, Mientras dure la guerra es la mejor de sus películas desde Mar adentro. Tras su deslumbrante comienzo con Tesis, Abre los ojos, Los otros y la citada Mar adentro, comenzó un serio declive que se manifestó en la fallida Agora, en 2009, y en el thriller panfletario (de estilo Hollywood) Regresión, en 2015. Entre estos dos largos, solamente dos cortometrajes publicitarios, probablemente muy bien pagados por una conocida marca de cerveza, Vale, y por Loterías del Estado, Danielle. Dos trabajos mediocres, sin espíritu y puramente alimenticios. Mientras dure la guerra nos muestra el episodio que tuvo lugar en Salamanca en el verano de 1936, cuando el escritor y filósofo bilbaíno Miguel de Unamuno compartió tiempo y lugar con la junta de militares, entre ellos Francisco Franco, su esposa Carmen Polo y el general José Millán-Astray, multi-mutilado de guerra y personaje estrambótico como él solo.


El deslumbrante trabajo de Karra Elejalde nos muestra un complejo personaje, que se permite pensar y expresarse libremente, incluso, atendiendo a los desmanes que según él estaba cometiendo la República, aportar fondos a la sublevación militar con la esperanza de que estos restituyeran el orden social que se había perdido -sin caer en la cuenta de que cuando los militares restituyen el orden lo hacen depurando, una bonita palabra para expresar el asesinato de todo individuo cuyo modo de pensar difiere del establecido por ellos-. Esto sucede casi siempre, salvo contadas excepciones, como fue el caso de La revolución de los claveles de Portugal el 25 de abril de 1974. Una actitud personal crítica es sumamente incómoda, en 1936 y en la actualidad.


No es difícil oír la expresión, incluso pronunciada por un ex-presidente reciente de gobierno español, 'Estás conmigo o contra mi'. Por eso, Miguel de Unamuno estuvo a punto de ser linchado por la turba militar cuando, en la Universidad, pronunció la famosa frase 'Venceréis, pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir', linchamiento del que se salvó gracias a Carmen Polo, fervorosa seguidora de su obra, ofreciéndole su brazo. El trabajo de Karra Elejalde está secundado por otros dos de gran calidad: Eduard Fernández como Millán-Astray y Santi Prego como Franco. Todos estos personajes están tratados con respeto y dignidad, que es la única manera de reflejar, con un mínimo de seriedad, un episodio histórico de la importancia del que se nos muestra.