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Crítica: "Érase una vez en... Hollywood", por Javier Collantes

Las filmografías sirven como referencia de un director... y ofrecen ciertas señales de qué modo plantea su visión de la vida en imágenes soñadas o experimentadas en primera persona por el propio creador artístico. Tarantino, rompedor en su cinefilia como memoria de quien se formó bajo estanterías de vídeo-club y películas de clase B, nos ha ofrecido obras fílmicas que han pasado a la Historia del Cine.


Títulos emblemáticos como Pulp Fiction, Malditos bastardos, Reservoir Dogs, Los odiosos ocho, Jackie Brown, Kill Bill en sus dos entregas o Django desencadenado conforman una estructura básica y homogénea de cine de calidad potente y entretenido. Ahora estrena su novena película, un relato que nos traslada a la ciudad de Los Ángeles en 1969, un escenario para una escena donde todo está cambiando.


Una estrella de televisión, Rick Dalton, y su doble, Cliff Booth, intentan abrirse camino en una industria que ya no reconocen y en un mundo, el de las películas, que toma nuevos sentidos. Con este argumento, Tarantino realiza un homenaje al cine de los años 60, la cultura pop, los seriales televisivos, los programas dobles en las salas de cine... y, como siempre, con guiños a su modo de ver el cine.


Érase una vez en... Hollywood también es un retazo intenso sobre las películas policíacas en tv, los western, los spaghetti western... con una estructura y puesta en escena memorable, y sin olvidarse del mundo hippie de la época, el amor libre, el asesinato de la actriz Sharon Tate... recurriendo al flashback y continuas referencias cinematográficas en una espiral sin falsa nostalgia sobre Hollywood.


Tarantino habla de unos tiempos más libres... de personajes como como Charles Manson, Bruce Lee, Roman Polanski, Sergio Corbucci... un tiempo de cambios propicio para la pérdida de la inocencia, para el afloramiento de pasiones e instintos... un retrato no exento de humor, alguna secuencia de violencia Tarantiniana, sello propio en créditos y música con Los Bravos, Neil Diamond, The Mamas and The Papas...


El metraje de más de dos horas y media, con el mencionado apoyo extraordinario, vuela en pantalla, emocionante y magnífico hasta que en su final concibe un adiós definitivo del cine creado para participar sin menospreciar al público, tiempo sostenido por un reparto genial: DiCaprio memorable, Pitt rayando la perfección y Margot Robbie auténtica sensibilidad viendo una película en una sala de cine.


Planos, escenas y diálogos ofrecen la mirada magistral con la que Tarantino expone la meca del cine, un trabajado argumento que se convierte, fotograma a fotograma, en una declaración de principios sobre el amor al cine. Érase una vez  en... Hollywood es un sobresaliente ejercicio de cine que conmueve y divierte sin cargar las tintas en nada, simplemente  es un pulp lleno de puro Rh cinematográfico.