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Crítica: "El sótano de Ma", por Javier Collantes

El cine de terror y suspense se caracteriza, entre otras muchas cosas, por los muchos recovecos de su estructura formal y por la posibilidad de romper los moldes establecidos a la hora de contar sus impactantes historias, maneras de contar en las que, a veces, prevalece el aspecto psicológico como modo de atrapar al espectador y, en otras, una sorpresa final o varios golpes de efecto resumen el abecedario del pánico.


En este género, incluso los títulos más endebles y previsibles pueden resultar entretenidos. A este apartado, según mi criterio, pertenece El sótano de Ma, un film con todos los ingredientes para disfrutar en base a un ritmo adecuado y a un metraje calibrado de 96 minutos, un producto con el sello de identidad Blumhouse fruto de la experiencia sostenida.


Ya que la ley no permite la venta de alcohol a cierta edad, unos adolescentes le piden a una mujer que les compre bebidas. La mujer accede y, además, les deja su sótano para montar la fiesta. Únicamente la tienen que llamar Ma y no subir a la parte de arriba de su casa. Sin embargo, una espiral de obsesión tornará la bondad en pesadilla.


Retrato de una adolescencia, este thriller recurre de manera certera a los flashbacks de los 80 para enraizar los traumas de una mujer y la exposición de sus recuerdos, una soledad argumental que da pie a otros aspectos de los personajes y una tensión proporcionada en manos de la excelente Octavia Spencer, la esencia del relato con su presencia y mirada, acompañada por una reaparecida Juliette Lewis con un papel duro y entrañable.


El sótano de Ma es un film correcto, que no engaña, estableciendo en cada secuencia diálogos y planos de toda sencillez para empaquetar un cine comercial muy presentable. Nada es lo que parece: un sótano, una madre, unos adolescentes, una trama interesante... Sin sorpresas, pero efectiva, El sótano de Ma es una película digna que merece un acercamiento, que muestra y acaba... un guión sin estridencias dirigido con acierto.