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Crítica: "La favorita", por Javier Collantes

Es de justicia cinematográfica aplaudir a un director que permanece fiel a sus ideas y estilo, en este caso el griego Yorgos Lanthimos. La favorita es otra muestra más de un cineasta audaz en sus obras, una clase de películas diferentes y posiblemente llenas de un análisis casi inigualable en su manera de mostrar aspectos de sus personajes. A principios del siglo XVIII, en una Inglaterra en guerra con Francia, la extraña y frágil Reina Ana ocupa el trono.


Sin embargo, debido a su delicada salud y cambiante carácter, su amiga Lady Sarah gobierna el país en su lugar. Abigail, nueva sirvienta simpática y adorable, se ganará el favor de la reina, cuyo deseo será volver a sus raíces aristocráticas. Nada ni nadie interrumpirá su deseo de conquista, a costa de cualquiera, sin escrúpulos, ni cargo de conciencia. Con este argumento, Lanthimos, una vez más, presenta un espacio cerrado y enfermizo tan fascinante como espeluznante.


Siguiendo la hoja de ruta de sus peculiares e incisivas películas previas, como Langosta o El sacrificio de un ciervo sagrado, La favorita, un film de intrigas palaciegas, rebosa drama y humor en torno a una reina, una sustituta y otra sustituta en el banquillo esperando su oportunidad. A modo de farsa histórica y anacrónica, y a lo largo de ocho capítulos, esta historia se configura, con acierto sobresaliente, como una propuesta de cine extraordinario.


Esta tragicomedia isabelina es una recopilación de elementos tan humanos como la seducción y el poder en el marco de una relación triangular sobre el deseo y la admiración, la soledad y la podredumbre, un ácido retrato tan ambiguo que su puesta en escena y sus diálogos resultan una tragedia griega bajo los auspicios del apunte histórico inglés. Sin el más mínimo atisbo de complacencia ni piedad, Lanthimos dirige una pieza exacta de relojería fílmica.


Posiblemente menos oscuro que sus anteriores títulos, pero aún así exento del convencionalismo establecido, ficción y realidad, todo en uno, con una ambientación y dirección artística notables, y una sublime fotografía que recuerda a la iluminación del sublime Kubrick, una luz de velas, más los planos angulares y una cámara que se desplaza con elegancia, y, por supuesto, unas  interpretaciones extraordinarias.


Olivia Colman, Globo de Oro a la Mejor Actriz de Comedia por este trabajo; Emma Stone, genial en un papel tortuoso; y una recuperada Rachel Weisz conforman, junto al resto de intérpretes, la esencia del buen hacer en el registro interpretativo. La favorita se contempla como un film perturbador cuyo ritmo narrativo, secuencias, banda sonora... son la definición de una magnífica genialidad desde cualquier punto de vista.