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Crítica: "Malvados de oro", por Paco España

Malvados de oro es un montaje teatral íntimo y minimalista: íntimo porque tuvo lugar en el escenario de la Sala Argenta del Palacio de Festivales, por lo tanto con una afluencia limitada de espectadores; y minimalista porque en él solamente trabaja un actor, Daniel Albaladejo, con cuatro piezas de distintas telas, dos banquetas y una pequeña pantalla.


La obra pone en escena a cinco de los más sabrosos personajes malvados de la literatura del siglo de oro español, desde el Comendador de Fuenteovejuna hasta el Anticristo. Cinco roles que junto al actor, el sexto, explican e interpretan que los personajes malvados son lo mejor de cualquier función, cuanto mayor sea su complejidad y profundidad, mejor será esta.

Desde el comienzo, el actor se sube a una montaña rusa emocional interpretando los fragmentos más intensos de cada una de las obras, introduciendo previamente al espectador en los entresijos de la historia y demostrando, claramente, que los malvados que salieron de las plumas doradas de nuestra literatura nada tienen que envidiar a las del bardo Shakespeare, máximo exponente de la literatura británica.

Malvados de oro, de Jesús Laiz, es una obra breve, pero intensa, que permite disfrutar en la reflexión de porqué, como dice el Segismundo de Calderón de la Barca, 'La vida es sueño y los sueños, sueños son'.