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Crítica: “Ola de crímenes”, por Paco España

Gracia Querejeta, hija del prestigioso productor donostiarra ya desaparecido Elías Querejeta, es una realizadora de larga trayectoria -27 años desde su primer largometraje-. En aquellos inicios se sucedieron títulos de la calidad de El último viaje de Robert Rylands, Cuando vuelvas a mi lado, Héctor o Siete mesas de billar francés.


Más tarde llegó una etapa de frecuentes trabajos televisivos -UCO, Víctor Ros, Sin identidad-, algunos largos no tan atinados como los primeros -15 años y un día y Felices 140- y algún que otro cortometraje, como Cordelias, que, aprovechando el nombre, la experiencia y la infraestructura de la factoría Querejeta, logró un desmesurado reconocimiento en numerosos festivales de cortos nacionales.


Ola de crímenes, hasta el momento su último trabajo, es una mala película, una comedia negra que tendrá un considerable éxito en taquilla pero que no resulta eficiente en su comicidad salvo contadas excepciones, entre las que se puede contar el buen trabajo de Nora Navas, donde esta actriz catalana hace de madre 100% vasca con estética abertzale (incluso en el corte de pelo). Cuenta, además, con secuencias que carecen de todo sentido lógico, como la cena entre el policía y las dos intrigantes y ambiciosas mujeres que no se sabe por qué se ha producido pero era necesaria para justificar el soborno.


De otras secuencias se podría prescindir por repetitivas e innecesarias. Eso sí, hay un incesante inserto de bellísimas imágenes postal de Bilbao, Getxo y Portugalete sin otra finalidad que hacer las delicias de vecinos y administraciones de tales lugares. Desde el punto de vista interpretativo, además de la mencionada Nora Navas, cuenta con un seguro de vida que se llama Maribel Verdú.


También con la eficacia de Juana Acosta, la divertida racialidad de Montse Pla, el tirón mediático de Paula Echevarría, y las breves apariciones de Luis Tosar, Javier Cámara, Raúl Arévalo o Txema Blasco. Patéticas resultan las intervenciones de Antonio Resines como policía, todo lo contrario a las de su compañero en la ficción Raúl Peña con un interesante y fetichista trabajo.


Ola de crímenes tiene un equipo técnico solvente que sabe obtener un producto bien filmado y fotografiado desde el punto de vista estilístico, pero argumentalmente es de una simplicidad rayana con lo irritante.