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Crítica: “Yucatán”, por Paco España

El domingo 6 de octubre de 1991 comenzaba sus emisiones el programa Días de cine. Casi 27 años más tarde, y más 1200 programas después, continúa en la parrilla de TVE, algo inaudito en estos tiempos que corren. En aquellos comienzos, cuando el programa se desarrollaba sin presentadora, dos generaciones de críticos se representaban en el afamado escritor José Luis Guarner, que fallecería en 1993 víctima de cáncer, y en el joven Daniel Monzón.


Hoy, ese joven crítico es un veterano director con seis títulos a sus espaldas: El corazón del guerrero, El robo más grande jamás contado, La caja Kovak, Celda 211 y El niño, además de Yucatán. Todos los títulos, con mayor o menor fortuna en taquilla, pero con una vocación clara: el cine como diversión y entretenimiento, sin descartar cierta profundidad en los mensajes, pero supeditados a la intención de eliminar el aburrimiento en sus propuestas. Una filosofía que queda meridianamente clara en el cortometraje Tarkovsky, dirigido por él mismo.


En una de las primeras secuencias de Yucatán, un personaje, hablando a los pasajeros del crucero, les dice: ‘tómense este viaje como una burbuja en sus vidas, todo lo que está aquí preparado es para su diversión y entretenimiento. Olviden en este viaje los problemas, porque todos, el colegio, la hipoteca, el banco, estarán ahí cuando regresen’, y esto es aplicable al visionado de la película, un divertido viaje por personajes y situaciones, formalmente muy cuidadas, con el único objetivo de entretener y, de regalo, ofrecer una pequeña reflexión sobre las cosas importantes de la vida y el lugar que el dinero puede ocupar en ellas.


Con un acertado plantel en el que figuran Luis Tosar; el solvente actor argentino Rodrigo de la Serna (Cien años de perdón); la actriz, cantante y modelo peruana, e igualmente solvente, Stephanie Cayo; o Joan Pera, conocido por ser el doblador habitual de la voz de Woody Allen -aunque es posible que esta función no la vuelva a desarrollar ya que el director neoyorquino va a tener complicado conseguir financiación para volver a dirigir, presa del torbellino de acusaciones por abuso de las que un tribunal ya le absolviera hace más de veinticinco años tal y como se puede leer AQUI-…; se recrea un conglomerado de situaciones picarescas en torno al timo que se le quiere hacer a un ‘mirlo blanco’ que viaja en el crucero y que es poseedor de una gran cantidad de dinero.


El argumento se plantea y avanza acertadamente en un principio, incluyendo números musicales, cuya letra también son parte argumental y que nos permite disfrutar de la espléndida voz de Luis Tosar, cuya intervención ya merece la pena toda la película, algo que podría entenderse opuesto a lo que hubiera supuesto una intervención musical a cargo de Antonio Resines.


Yucatán está emparentada con famosas películas de timos del estilo a El golpe, de George Roy Hill, o títulos famosos de David Mamet (Casa de juegos, El último golpe), aunque su parentesco es lejano, ya que no está al nivel de las citadas porque su guión no tiene un precisión de reloj suizo, como si lo tienen aquellas, ya que su excesivo metraje (130 minutos) provoca reiteraciones y paradas en la narrativa en su segunda mitad, algo que para nada favorece a la película. Aun así, se puede considerar un producto disfrutable, siempre y cuando los prejuicios se dejen en la entrada, allí van a seguir al terminar la proyección.