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Crítica: "Matar a Dios", por Paco España

En el inquietante prólogo de la secuencia inicial, en la que aparece el gran actor catalán Francesc Orella -protagonista de la serie Merlí-, conocemos al 'Dios' de esta película. En la segunda, un curtido matrimonio discute por la frase 'Ha sido la mejor noche de mi vida, MUA' aparecida en un teléfono móvil y que será leitmotiv en el resto de la representación.


Seguidamente conocemos a dos personajes más y a un tercero que aparece de súbito en la casa, con aspecto de vagabundo y afirmando que es Dios, que se dispone a acabar con la especie humana en la tierra, y los presentes tienen que elegir dos personas que serán los únicos supervivientes de tal holocausto. Salvo la primera secuencia, el resto de la película se desarrolla en un mismo escenario, una casa rural solitaria, y los personajes son solamente cinco, lo que confiere a la película una ineludible atmósfera teatral.


Los cinco personajes están interpretados por Itziar Castro -última incorporación de la televisiva Operación Triunfo y a quien pudimos ver en Pieles, de Eduardo Casanova; Campeones, de Javier Fesser; y la serie de televisión Paquita Salas, de 'Los Javis'-; Eduardo Antuña -participante de La comunidad y 800 balas, ambas de Alex de la Iglesia-; David Pareja, actor del estupendo cortometraje Fuera de servicio-; Boris Ruiz -al que pudimos ver en la producción de TV3 Merlí-...


... Además del enorme actor Emilio Gavira, de baja estatura pero de enorme calidad interpretativa como ya pudimos comprobar en El milagro de P. Tinto, Mortadelo y Filemón, Blancanieves -por la que obtuvo la nominación al Goya- y en los sobresalientes cortometrajes Nada S.A. -al que Matar a Dios hace un guiño en un momento determinado, importante para sus directores Caye Casas y Albert Pintó por el gran número de premios obtenidos y por el hecho de que la plataforma de contenidos HBO lo adquiriera- y El gran Zambini.


Matar a dios nos muestra a estos cinco personajes en un claustrofóbico escenario, dilucidando el futuro de la humanidad, cada uno con sus miserias, sus egoísmos y también su generosidad, planteando, con tono irónico, jocoso y negrísimo, disquisiciones existenciales que darían para largos y sabrosos debates. Solamente por eso, sus exiguos noventa minutos merecen claramente la pena.


Como una de sus propias protagonistas, Itziar Castro, me ha comentado, 'es la comedia más premiada del cine español a nivel internacional. Se pudo ver en la última edición del festival de Piélagos. Comenzó ganando el festival de Sitges y ha viajado por numerosos países cosechando muchos premios. Es una producción que no tiene ninguna televisión detrás, rodada en 21 días, hecha con una calidad extrema, para reír y también pensar, porque con el humor se pueden decir muchas verdades duras'.