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Fuera de serie: "Ozark", por María Buenaposada

Este viernes, 31 de agosto, el catálogo de Netflix trae la segunda temporada de Ozark a los usuarios de todo el mundo, una serie por la que apostó en julio del año pasado y que regresa con diez capítulos más de aproximadamente una hora de duración. Ozark apareció en la plataforma hace poco más de un año con lo que la crítica prometía que era un 'wannabe' de la exitosa Breaking Bad. Las drogas, el crimen y el blanqueo de dinero son los puntos fuertes que menciona la sinopsis y que mantienen en marcha a la trama, pero finalmente va más allá.


Para situarnos antes de su visionado, debemos pensar en un ambiente frío, gris, lento y, sobre todo, lleno de tensión, en el cual se desarrolla todo el argumento. Una de las características más impactantes de la historia es cómo te mantiene en alerta durante casi diez horas y espera al capítulo final para que se produzca la catarsis esperada, algo que en ocasiones puede resultar tedioso pero que se va poniendo más interesante según avanzan los capítulos. En este caso, los giros de guión son esenciales para mantenerte atento a la pantalla.


La serie comienza con un monólogo acerca del dinero que nos introduce, sutilmente, en los acontecimientos que estamos a punto de ver. Este discurso es recitado por Marty Byrde (Jason Bateman), el protagonista de la serie. Marty es un padre de familia que trabaja en Chicago como asesor financiero para un cártel de México con el que va a asociarse para diferentes negocios ilegales. Es por ello por lo que él y su familia tienen que mudarse a Los Ozarks, en lo más profundo de América, y completar su promesa de blanquear una gran cantidad de dólares sin levantar sospecha.


Como es de esperar, no es llegar y besar el santo. Van a tener que enfrentarse con otro tipo de ilegalidades que conviven allí desde antes que llegaran ellos, pero, como he dicho al principio, esto no es lo único que ocurre en la serie. Desde el comienzo vemos como la familia de Byrde no es estructurada. De hecho, todo lo contrario: él había decidido que iba a separarse de su mujer, Wendy (Laura Linney), hasta que se vio en la obligación de mantenerse unido a ella y a sus dos hijos para protegerles frente a las amenazas del cártel, al menos hasta que el negocio estuviera solucionado. La evolución de la situación familiar es uno de los puntos fuertes de la historia: no resulta una subtrama forzada y los personajes son coherentes respecto a la situación a la que se enfrentan.


A Bateman, por primera vez, le vemos enfrentarse a una historia dramática, en lugar de a sus habituales comedias, y de la cual ha sabido defenderse con gran ventaja. Además, él mismo ha dirigido más de la mitad de los capítulos de la serie (el 'season finale' entre ellos), oficio en el que, de la misma manera, no sólo ha sabido desenvolverse sino que ha realizado un buen trabajo. A pesar del descubrimiento de su nueva faceta, los actores secundarios hacen de gran respaldo para él. Intérpretes como Julia Garner, Jason Butler Harner o Lisa Emery han otorgado a Ozark una personalidad propia que la diferencia de otras producciones y tan sólo por ello vale la pena darle una oportunidad.