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Crítica: "Solo", por Paco España

Solo es el segundo trabajo, tras Anomalous -una cinta de terror-, de su director, Hugo Stuven. No confundir con su padre, con el mismo nombre, realizador de televisión chileno que se afincara en España en 1965, año a partir del cual participaría en la realización de multitud de programas para la 1ª cadena (y única).


La película cuenta las vicisitudes de Álvaro Vizcaíno, un joven surfista que sufrió un accidente en los acantilados de Fuerteventura en 2014, cuando se encontraba en absoluta soledad, hasta que fue rescatado 48 horas mas tarde. Esta información, aparecida en todos los medios, resta todo el suspense al que pretenda vivirlo durante el visionado de la cinta, ya que sabemos que no se va a ahogar porque él mismo ha sido el encargado de escribir la historia que estamos viendo. Pero aún así, todavía puede quedar mucha potencia humana que transmitir al espectador de una experiencia personal tan extrema.


Irremediablemente, el planteamiento de este título recuerda al de 127 horas, de Danny Boyle y protagonizada por James Franco, pero media un abismo entre ambos, y no sólo en la duración de la odisea personal, que también. Tras el prometedor 'travelling' inicial que nos muestra la inmensa belleza natural de la isla de Fuerteventura -en contraposición con la insignificante existencia y gran fragilidad del ser humano en peligro- y la presentación de los personajes con una relación de amistad -pero indisimuladamente homosexual-, la película nos muestra las ensoñaciones del protagonista, encerrado en su situación, con una Aura Garrido con más aura que nunca y el uso de un constante esteticismo para mostrarnos el mar, el náufrago, la práctica del surf y otras imágenes bastante menos importantes que la situación real del protagonista.


La estética mata la humanidad de una buena historia. El protagonismo corre a cargo de Alain Hernández, actor ascendente que pudimos ver en la excelente El rey tuerto y la eficaz Plan de fuga. Probablemente, esta experiencia le haya servido a Álvaro Vizcaíno para replantearse sus cuestiones personales más importantes, y probablemente una de ellas sea la salida del armario.