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Crítica: "Sin rodeos", por Paco España

Es indiscutible el talento que tiene Santiago Segura para llevar espectadores a las salas de cine a ver sus películas. Su capacidad para promocionar, dar visibilidad y crear expectación para cada uno de los títulos que estrena es digna de análisis y de ser reproducida. Su talento para la creación cinematográfica puede generar una discusión diferente. Segura es un realizador de 'trazo grueso', sabe que este tipo de discursos, simples, con una dosis de escatología y otra de caras muy conocidas, son efectivos y atraen un gran número de espectadores, por eso la sutilidad y los diálogos muy depurados no son su fuerte, o al menos no lo ha demostrado hasta el momento.


Segura no cambia con facilidad de personaje protagonista, ya lo demostró cuando dirigía cortometrajes, centrándose en el personaje del antisocial Evilio, al que dedicó tres trabajos. Con su salto al largometraje, hace diez años, nos encontramos con José Luis Torrente, del que ya van cinco entregas y llegarán más, un personaje que ya forma parte de la iconografía cultural española. Ahora nos encontramos con Paz (estupenda Maribel Verdú), un personaje no creado por el director madrileño sino por los chilenos Nicolás López y Diego Ayala, miembros de su gran grupo de 'amiguetes', que escribieron el guión de la película Sin filtro, que dirigiera el primero de ellos y en la que se inspira Sin rodeos.


Su estructura es muy simple, pero funciona. Paz es una mujer de 'taitantos', es decir, más de cuarenta, que tiene un trabajo con un jefe insoportable, hijo de la persona que la contrató años atrás, que no sabe donde está 'pinao', sólo le gusta follarse a sus empleadas y no entiende otra realidad que no esté en las redes sociales, los mismo que su mejor amiga, que vive una existencia exclusiva en las redes y dentro de su smartphone, introduciéndose en él cada vez que Paz habla de sus problemas. Su hermana solo vive para su gato, al que idolatra de manera tóxica, mientras que con su pareja tiene una relación anodina con la que dejó de oír campanillas hace mucho tiempo. Por no hablar de su vecino que organiza fiestas a las cuatro de la madrugada.


Un giro a mitad de la película hace que vaya saldando todas las cuentas con los demás personajes, hasta hacer desaparecer la ansiedad que le producía su propia existencia. Esta película está generando cierta polémica desde su estreno, por su falta de 'corrección política'. Expresión paradójica, ya que ambos conceptos se muestran antagónicos, al menos en los últimos tiempos y además ¿por qué hay que ser políticamente correcto?, ¿quién obliga a ello? La corrección política no es más que una forma de autocensura, por eso lo que hay que tener es respeto, pero sólo a los que, a su vez, son capaces de respetar. Por eso le diría a Segura, ¡¡Óle tus huevos!!