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"El nacimiento del cine: vienen mellizos", por Alvaro Fernández

Cuando uno piensa cuando surgió el cine, o cualquier otro invento, piensa en que habrá una fecha concreta, donde un hombre grita '¡Eureka!' y, desde entonces, el mundo disfruta de una nueva invención. Pero no es este el caso del cine. 


A finales del siglo XX aparecen numerosos inventos que son capaces de grabar imágenes en movimiento e incluso proyectarlas. En países como Francia, Estados Unidos, Inglaterra o Alemania se registran varias patentes e incluso se fundan empresas productoras de películas. Por la relevancia que tuvieron, normalmente solo se habla de dos de esas atribuciones.

Pese al número elevado de inventores, los historiadores dan como válida la fecha de 28 de diciembre de 1895, cuando se produjo la primera proyección en un café de París. Y esto es porque fue la primera vez que se concibió el cine como se hace hoy en día: una proyección en una sala oscura para un grupo de personas.

Esta proyección la llevaron a cabo los Lumiere, dos hermanos franceses que desarrollaron un sistema que permitía grabar imágenes y proyectarlas en una pared: el cinematógrafo. La cámara funcionaba con una película de 35mm y en su chasis podía tener hasta 17 metros de película, lo que equivale a unos 50 segundos de imagen. Fue patentado el 13 de febrero de 1895.

El impacto de la imagen en movimiento fue inmediato y en unas pocas semanas ya se instauraba como industria en ciernes. Para hacernos una idea, la recaudación de esa primera sesión fue de 33 francos (a un franco la entrada). Tres semanas después, la recaudación de taquilla era de unos dos mil francos diarios.

Los operarios de las cámaras de los hermanos Lumiere viajaron, grabando estampas de ciudades y culturas del mundo. Por ejemplo, en abril de 1896 fueron a Sevilla, donde grabaron una procesión con los nazarenos, los costaleros y los pasos, y una corrida de toros al completo. Algunos destinos eran más exóticos como Asia o África. Sin embargo, nunca llegaron a América Central o del Sur ni a Oceanía.  

Pero, como ya hemos dicho, los Lumiere no fueron los únicos que inventaron el cine. Al otro lado del Atlántico, Thomas Edison perfeccionaba su kinetógrafo. El también inventor del fonógrafo (primer dispositivo capaz de reproducir sonido) había ideado el kinetógrafo para complementar al fonógrafo, queriendo obtener la imagen en movimiento con sonido. De esta búsqueda surge el kinetófono, aunque su distribución fue muy restringida y no triunfó.

El motivo por el que no se le considera el padre del cine moderno es porque no entendió el cine de la misma manera. Frente a la reproducción colectiva de las películas de los Lumiere, él planteó un consumo individual. El kinetoscopio, el dispositivo que reproducía las imágenes, era una caja de madera con bobinas en su interior, por las que corría la película, una lupa de aumento y una lámpara eléctrica. 

Así, el espectador se situaba frente a una caja con un hueco por el que se veía la película. El coste era de cinco centavos y disponía entre cientos de películas de 20 segundos de duración. El problema con esta primera versión era que las películas a menudo se rompían y la proyección se interrumpía. 

Por tanto, en términos históricos se considera que el cine nace con los Lumiere, pero estos no son los únicos que consiguen hacer imágenes que hoy consideramos cine. La diferencia básica se encuentra en su forma de consumo. El modelo que triunfó es el de consumo colectivo, la proyección de las imágenes en pantallas de gran tamaño. 

Este modelo de sala de cine se mantiene vigente hoy en día. Sin embargo, con la digitalización de los contenidos y la proliferación de pantallas como los ordenadores, tablets y smartphones, el consumo individual está creciendo. Cada vez hay menos salas de cine y más 'Netflix y manta'. Quizás Edison no iba tan desencaminado.