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Crítica: "Abracadabra", por Paco España

Tras sus dos alabados y multipremiados trabajos en Torremolinos 73 (2003) -Mejor Película en Málaga y Toulouse además de cuatro Goyas- y Blancanieves (2012) -Premio del Jurado en San Sebastián y 10 Goyas, incluido el de Mejor Película-, llega a nuestras carteleras la película de Pablo Berger que, a priori, puede cerrar la trilogía de la España del siglo XX.


El comienzo resulta prometedor... y muy divertido. El siempre eficaz Antonio de la Torre interpreta a Carlos, un prototípico y trasnochado macho ibérico poco considerado con su –choni- Carmen, imponente Maribel Verdú. Futbolero (madridista) acérrimo, nada colaborativo en las tareas domésticas ni cuidadoso de las relaciones personales más cercanas, es objeto de una chapucera sesión de hipnosis a cargo del primo de Carmen, interpretado por el showman manchego José Mota.


Resultado de la misma, Carlos es poseído por un ente amable y considerado, hecho que causa el desconcierto de Carmen y la visita a un picaresco y divertido vidente, interpretado por José Maria Pou, que tratará de deshacer los efectos de la hipnosis, siempre previo pago. Con estos prolegómenos, el tono de comedia parece evidente dado que el ente invitado va y viene del cuerpo de Carlos generando los equívocos previsibles.


Sin embargo, en este punto, la película hace un movimiento de fuga de género y realiza incursiones en otros como el thriller, terror, drama, musical y sobrenatural con 'psycho killer' que provoca un desconcierto en el espectador que le priva de las claves de apoyo para la gestión adecuada de lo que está viendo. La realización de saltos tan importantes entre géneros tan dispares puede ser usada, pero, si no se conecta con la suficiente eficacia, puede parecer un cúmulo inconexo de situaciones sin un claro hilo conductor. 


Esa fue exactamente la sensación de este cronista, al que la resolución de la película le importaba ya bien poco. No son pocos los valores que merecen el visionado de esta película. Las ya mencionadas interpretaciones, destacando especialmente la de la Verdú -que lo borda literalmente, no éste sino cualquier personaje al que se puede enfrentar- y la curiosa de José Mota -que hasta el momento no logra separar el personaje del actor en ninguno de sus trabajos-.


Una secuencia me produjo una hilaridad notable. Un pelado y divertido agente inmobiliario, Julián Villagrán, muestra un piso con una cotas de inquietud que no se producía desde que vimos en el que vivía José Luis Torrente en la primera de sus aventuras. Abracadabra es un simpático pero fallido intento de transgresión entre géneros, que está muy lejos de la amargura de Torremolinos 73 y del clasicismo de Blancanieves.