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Crítica: "Dunkerque", por Javier Collantes

El género bélico, en el cine, ha entregado al espectador una parte de la Historia en países escenarios de conflictos violentos. Ganadores y perdedores en un sinfín de títulos cinematográficos con diversos resultados. Unas películas magistrales, otras de entrenamiento, conservando la posición, a nivel fílmico, de obras creadas para enseñar el dolor de una guerra. Ahora, un realizador que ya entusiasmó con películas como Interstellar, Origen o El caballero oscuro, Christopher Nolan se adentra en uno de estos episodios con un concepto visual y argumental más filosófico y existencialista.


Centrado en el ser humano, cuyos mensajes, comprendidos o no por el espectador, sí han dejado huella entre público y crítica especializada, en momentos de rememorar un hecho histórico, Nolan conduce su argumento hacia derroteros bélicos en una experiencia de gran impacto, conservando sus directrices más allá del espectáculo y conteniendo una reflexión sobre las consecuencias de las pérdidas humanas. Sobre dicha teoría y en su argumento, Nolan expone la evacuación, en plena Segunda Guerra Mundial, de miles de soldados británicos y tropas aliadas de la localidad francesa.


Rodeados por el enemigo, en una maniobra de salvamento denominada Operación Dinamo, estos hechos verídicos de 1940 son expuestos por el director con su teoría narrativa. La fragmentación del espacio-tiempo a lo largo de sus respectivas historias, a veces, desorienta al espectador. Con una excelente capacidad visual, y sobre manera un extraordinario inicio, por momentos se desdibuja en algunas secuencias conservando las dosis del miedo y la espera para encontrarnos, en conjunto, con un film especial en el universo particular de una batalla. Sin ser ninguna obra maestra, Dunkerque es una notable ejercicio fílmico aún con sus descensos. 


Por ejemplo, en la manera de mostrar a sus personajes en una confusión propia de una guerra, pero no en el tratado cinematográfico. Su gran baza recae, por otra parte, en una excelente banda sonora, más propia de una historia futurista pero épica en sus acordes y como refuerzo trascendental en el resultado del empaque final. En el capítulo interpretativo, simplemente correcto, destaca Harry Styles, componente de One Direction. Cine de impregnar sensaciones, en una cruda realidad, en una línea divisoria entre el equilibrio del ritmo secuencial y el desarrollo de sus personajes.