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Crítica: "La promesa", por Javier Collantes

La historia de los diversos pueblos que habitan el mundo ha sido y es constatada por los diversos conflictos bélicos, luchas e injusticias llevadas al extremo del exterminio de seres humanos de la faz de la tierra por razones de raza, religión... y, sobre manera, por el poder económico y estratégico de dominar y oprimir. El séptimo arte, como representación de la memoria histórica y testigo en imágenes, muestra hechos acaecidos, olvidados o simplemente nunca nombrados como el exterminio del genocidio armenio.


Entre otros títulos, América, América, de Elia Kazan; Ararat, de Atom Egoyan; o Una historia de locos, de Robert Guediguian; han reflejado este episodio histórico al igual que ahora lo hace Terry George. Este relato está ambientado en Turquía, en 1914, en un tiempo antes de la Primera Guerra Mundial y en el espacio del hundimiento del Imperio Otomano, en una Constantinopla cuyo lugar de convivencia entre cristianos armenios, turcos y musulmanes, sitio de paz para una artista de origen armenio, un periodista norteamericano y un estudiante de medicina.


Los tres protagonistas comparten los acontecimientos de la alianza de turcos y Alemania, tiempos de guerra con un trasfondo de triángulo amoroso a modo de historia épica, cuya desigualdad en su resultado final se deja entrever a pesar de sus intenciones de película con hechuras de grandeza argumental reforzada, básicamente, por una historia romántica que funciona en algunos momentos y en otros sólo resulta un adorno sin más fuste narrativo. Las secuencias de batallas, sus diálogos y su puesta en escena, el atisbo acústico de un banda sonora envolvente... remarcan el dramatismo y una (re)forzada grandeza para ser una gran película sin conseguirlo.


No obstante, y pese al resultado desigual, dichos intentos de excelencia fílmica en el rodaje de sus secuencias ofrecen un relato fragmentado con buenas intenciones que, sin ser una magnífica película, se deja ver. Irregular, sí, pero con acertadas interpretaciones de Oscar Isaac y Christian Bale, y, además, con algunas localizaciones rodadas en España. La promesa se erige en un ejercicio de cine comercial histórico cuyo balance resulta aceptable con la resta de un ritmo fallido, la suma de una cinematografía didáctica y el resultado de una caligrafía algo tosca pero eficiente. Sin dejar huella en el espectador, promesas a medias...