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Crítica: "El guardián invisible", por Paco España

El director de esta película ha firmado mediocridades como Tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti y Palmeras en la nieve -esta última, sin mejorar su calidad, sí que tiene una buena estética formal-, lo que nos da algún indicio de por donde transcurre El guardián invisible, basada en la afamada novela de Dolores Redondo que no he leído. El título de la película hace referencia a una figura de la mitología vasco-navarra llamada el 'Basajaun', un ser gigante y peludo que habita en los bosques y que cuida de los habitantes y del entorno, aunque nunca ha sido visto. 


El personaje protagonista -encarnado por Marta Etura-, Amaia Salazar, nada tiene que ver con el dúo musical Azúcar Moreno, aunque un dulce típico de la zona, el 'txantxigorri', sí que tiene bastante meollo en el argumento al aparecer en un lugar muy concreto de la fisonomía de las niñas asesinadas. Por cierto, El guardián invisible es un thriller con asesino en serie dentro. Amaia Salazar es una prestigiosa inspectora de la policía foral navarra, formada en el FBI norteamericano, que tiene que acudir a su pueblo natal, Elizondo, para investigar los crímenes en su propio entorno, familia incluida. Los conflictos están servidos.


Mientras veía esta película me ha ocurrido una circunstancia muy negativa: ser consciente, en todo momento, de que estaba viendo una película, sin que la misma fuera capaz de abducirme y de introducirme en la historia. No entiendo por qué su nada desdeñable duración, 130 minutos, no sirve para hacer un análisis de los personajes y las relaciones de más enjundia. Parece como si todos los esfuerzos hubieran ido a recrear unos planos permanentemente lluviosos con gran calidad estética, planos cenitales con drones espectaculares (aunque nada originales), detalles tangenciales de distintos elementos como la serrería, el puente del pueblo...


No se presta, sin embargo, la misma atención a la descripción psicológica de los personajes, como el caso de la trascendental relación materno-filial de la protagonista, que está muy mal definida y resuelta, aunque resulte espectacular visualmente su entierro en harina. Esta película cuenta con un reparto de gran calidad: la mencionada Marta Etura, Elvira Mínguez, Pedro Casablanc, Paco Tous, Manolo Solo, Ramón Barea, Susi Sánchez... aunque tengo con todos ellos, a excepción de la protagonista, la permanente sensación de estar viendo trabajos desaprovechados. 


Al menos, podemos disfrutar de la aparición de Itziar Aizpuru, actriz habitual de la productora vasca Moriarti y de las excelentes 80 egunean y Loreak. Sin conocer la novela, me da la sensación de que la adaptación al cine no es adecuada, siendo más importantes la búsqueda estética que le emparente con Seven, El silencio de los corderos o la saga Millenium, y logrando un postureo modernista bastante aburrido y de escaso interés dramático.