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Crítica: "Lo que de verdad importa", por Paco España

Esta película se debe analizar desde dos puntos de vista. El primero, y más importante, es su carácter altruista, ya que su recaudación será destinada a Serious Fun Children’s Network -red de campamentos para niños con cáncer creada por Paul Newman hace veinte años y cuya cabeza visible es Clea Newman, hija pequeña del actor y de Joanne Woodward- y a la Fundación Aladina para ayuda integral de estos niños, creada por el filántropo y millonario español Paco Arango, hijo del empresario hispano mejicano Plácido Arango, creador del imperio VIP’s y muy conocido por su coleccionismo de arte y por ser benefactor del Museo del Prado. 


Paco Arango es conocido, aparte de todo lo mencionado anteriormente, por su faceta artística, ya que es director, productor, actor y músico. Creador de la famosa serie de televisión Aladina y director del largometraje Maktub en 2011, en Lo que de verdad importa es director y guionista, además de benefactor y filántropo. La filantropía es una actividad muy productiva, ya que pone a trabajar a personas que por su patrimonio no lo necesitarían, generando un indudable beneficio a colectivos necesitados, al mismo tiempo que limpia las conciencias de personas acaudaladas por un origen, en algunas ocasiones, incierto.


Desde el punto de vista artístico, esta película es poseedora de una estética impecable. No en vano, el director de fotografía es Javier Aguirresarobe y la montadora Teresa Font, dos de los mejores profesionales españoles. El guión se mueve por terrenos que podría firmar el propio Walt Disney, fusionando con mucha habilidad temas como familia, enfermedad, romanticismo, poderes extraordinarios y alguna interpretación de mérito, como es el caso del sereno trabajo de Jonathan Price, y otras simplemente correctas.


Este plato combinado hace que su visionado resulte agradable y que muchas personas de las que acuden a la sala de cine obtengan una sensación agradable y reconfortante, con lo que el primer objetivo se puede ver cumplido. Aunque ese confort del espectador resida en la gran distancia que hay entre la realidad de estas situaciones y lo que refleja la película. Una película divina de la muerte.