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Bajo el signo de la melancolía

Más allá de una portada que evoca el tono crepuscular de la Kirsten Dunst de Von Trier o el concepto del término identificado en la imagen de la Carol de Todd Haynes, Bajo el signo de la melancolía, firmado por Santos Zunzunegui y publicado por Cátedra hoy jueves, 23 de febrero, nos acerca algunas de las huellas visibles, a un tiempo concretas y alegóricas, que una de las nociones centrales que han organizado nuestro imaginario colectivo a lo largo de los siglos ha venido dejando en el cuerpo del cinematógrafo. 


Pensada por la antigüedad clásica como una patología causada por la presencia en el cuerpo humano de la bilis negra, asociada por algunos autores modernos a una tristeza vaga y permanente capaz de suspender cualquier interés del sujeto hacia el mundo exterior, hoy vemos a la melancolía como una 'auténtica enfermedad cultural', como una 'irremplazable metáfora heurística' (Yves Hersant) para comprender tanto el pasado como los agitados tiempos que vivimos. 

Del temperamento melancólico a la melancolía del yo, de la historia, pasando por el mal del amor, la postración, las ruinas, la descomposición o los pensamientos fúnebres. Dos imágenes, elementos para una teoría de la melancolía. El genio de Orson Welles bajo el signo de Saturno, el urbanismo/la urbanidad de la Sylvia de José Luis Guerin... Visconti, Rossellini, Godard, Truffaut y hasta el insigne John Huston. 

¿Debe sorprendernos, por tanto, que la melancolía haya encontrado caldo de cultivo preferente en el que ha sido el arte del siglo XX? En las casi 200 páginas de Bajo el signo de la melancolía, publicado dentro de la colección Signo e Imagen, Santos Zunzunegui recoge, desde Europa hasta América, algunas muestras señeras que adopta el pensamiento fílmico cuando se apropia del citado concepto. Con el fin de mostrar que 'cine y melancolía' forman una pareja indisoluble.