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Crítica: "100 metros", por Paco España

La reflexión de esta película se puede hacer desde dos prismas. El cinematográfico, en el que se pude decir que es una interesante, emocionante y entretenida película de un director desconocido y casi debutante que dirige con corrección la historia de superación personal de Ramón Arroyo, un enfermo de esclerosis múltiple que se enfrentó a ella compitiendo en varias pruebas atléticas, entre ellas el Ironman de Barcelona en 2013.


El protagonismo corre a cargo de Dani Rovira, al que se le ve por primera vez una cierta capacidad interpretativa para dejar de ser él mismo y que el espectador vea a Ramón Arroyo. Al fin y al cabo, ser actor o actriz no es nada más ni nada menos que eso, dejar de ser la persona y ser solamente el personaje. Le secunda el siempre estupendo Karra Elejalde, interpretando al suegro y preparador físico del protagonista. Es innegable que estos dos actores se siguen aprovechando de la química que todavía conservan desde "8 apellidos vascos". 


El grupo protagonista lo cierra una de las actrices más en forma del panorama nacional y con mayor capacidad para transmitir emociones: Alexandra Jiménez, la esposa del protagonista, una mujer fuerte que apuntala los dos inestables caracteres masculinos de su familia. Como dice el niño que interpreta a su hijo en un momento de la película: 'yo cuando sea mayor quiero ser un hombre de verdad como mamá'. Aunque realmente funciona, en algunas partes de la cinta hay una excesiva carga de emotividad. De hecho, en una entrevista reciente, el propio Karra Elejalde confesaba 'es que soy tonto, me emociono cuando veo la secuencia de la bici que hago yo mismo'. 


El otro prisma desde el que se puede ver esta película es el que saca a la palestra esta enfermedad tan desconocida que es la esclerosis múltiple. El sistema inmunológico ataca a la mielina, sustancia que recubre las fibras nerviosas y que favorece las transmisiones, destruyéndola y haciendo que las órdenes del cerebro no puedan llegar al resto del cuerpo. La enfermedad, que se manifiesta mayoritariamente antes de los 30 años de edad, se agrava con los llamados 'brotes', imprevisibles momentos en los que la enfermedad gana terreno en el organismo del enfermo.


Esta enfermedad, también llamada 'de las 1000 caras' porque cada enfermo la padece de diferente forma y con distinta intensidad, puede vivir con éste una gran cantidad de años, sin causar la muerte pero afectando de forma muy notoria su calidad de vida. Todos los segundos domingos de julio de cada año, se puede ver en playas y piscinas el stand con la campaña "!Mójate¡ por la esclerosis múltiple", donde se puede colaborar a sacar del ostracismo esta enfermedad adquiriendo camisetas y productos con el diseño de Mikel Urmeneta a precio asequible.


Por último quiero dedicar estas líneas a mi amigo Ángel Acebal, que carga con la enfermedad hace treinta y cuatro años y continúa con el mismo humor, ironía e inteligencia que cuando le conocí, allá por 1979. Como se dice en un momento de la cinta: 'todos padecemos una enfermedad degenerativa llamada vida'. Con esta premisa, lo mejor es hacer acopio de grandes cantidades de sentido del humor.