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Crítica: "Historia de un canalla", de Julia Navarro, por Pelayo López

Aunque el protagonista del nuevo libro de Julia Navarro atiende a la (sin)razón de Thomas Spencer, a más de un lector se le pasarán por la cabeza los nombres y apellidos, o quizás únicamente las iniciales a modo de auto-censura moratoria, de reconocibles personajes de la fauna social o, incluso, del vecino de la puerta de enfrente o del compañero de turno en el trabajo. Sea como sea, esta novela, en su relato más subyacente un tratado sobre la condición humana y un memorando sobre sentimientos como la culpabilidad o la rectificación, proporciona una extraña sensación seductora que logra atrapar nuestra atención inconscientemente a pesar de la dureza con que se ensaña en describirnos a un monstruo familiar y societario.


En primera persona, a punto de expirar la caducidad de su último aliento, T. S. echa la vista atrás, momento visionario que le sirve para recordar su vida, sin remordimiento ni capitulación a pesar de la declaración de faltas y delitos, y entonar, a las luces y sombras del taquígrafo de la muerte, un mea culpa sin culpa. Sobre una estructura episódica, un largo y sincero flashback emocional de etapas vitales con una elocuente dualidad sobre lo que, en virtud de su asocial comportamiento unilateral o de la previsible (im)postura social, fue o pudo ser, un reconocimiento sin constricción de las posibilidades y alternativas que abren en el trayecto de una vida las decisiones a tomar sobre las que, no obstante, la re-afirmación de la conducta termina únicamente por reducirse a un planteamiento narrativo.

Si bien el inicio de la historia se presenta como una serie de inocentes comportamientos coincidentes con una suerte de lo que viene a denominarse chiquilladas, el desarrollo de los acontecimientos acabará por descubrirnos plenamente a una especie de inmisericorde diablo de carne y hueso. La sombra de la sospecha, los secretos revelados y un pragmatismo casi maquiavélico se definen como sus señas de identidad. A partir de ahí, y una vez descubierta su afinidad circunstancial y coyuntural con una vocación de publicista en su órbita de distanciamiento más allá de cualquier escrúpulo, la autora interconecta los ámbitos personal y profesional del protagonista, una suerte de relación en la que prevalece un único interés personal por encima de cualquier otro.


En torno al eje de la globalización Nueva York-Londres, con una reparadora e iluminadora escala nacional que reflota la idiosincrasia patria de la fiesta y siesta como sumun del libre albedrío, T. S. deambula sobre las aguas del chantaje emocional y la extorsión económica como mecánica del poder y en beneficio propio. Julia Navarro no dedica excesos al apartado descriptivo del entorno o el contexto, y no frecuenta el lujo o la ostentación de una alta sociedad en la que sí se circunscribe el posibilismo narrativo. De hecho, el coro griego de personajes identitarios rastreables en la tipología del formalismo social, desde la familia a los compañeros pasando por las mujeres de su vida, se emplea en su cometido para retratar de manera pormenorizada su consciente autodestrucción, un proceso de convicciones cimentadas y defendido hasta el fin, a pesar de algunas debilidades transitorias subsanables, en el que la justicia poética llama a la puerta sin reproches ni lamentos. Una lectura para reflexionar en consecuencia.