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La divergencia sinfónica de una orquesta de cine

El pasado jueves, 21 de Enero, el Palacio de Festivales de Cantabria albergó a la Cinema Symphony Orchestra, una formación internacional cuyo repertorio se sustenta en la interpretación de bandas sonoras de cine. Confesando mi falta de refinamiento auditivo, y una vez terminada y asimilada la función tras un paréntesis reflexivo oportuno, lo primero que me viene a la cabeza es el evidente desequilibrio como norma general y un reajustable desacierto de forma en la fórmula presentada. 


Empezando por el final, si se trata de una orquesta sinfónica, interpretando partituras de bandas sonoras, la selección de temas extra-cinematográficos, como es el caso de la serie televisiva "Juego de Tronos" (¡que yo sepa todavía no hay una versión fílmica!), aleja el programa a defender de su propio concepto. Además, la irrupción escénica de acompañamiento vocal debe ser calculada milimétricamente, incluso puesta en tela de juicio por su propia condición. 

Así pues, las tres apariciones escénicas de la cantante solista, una por cada parte del programa y una más en los añadidos finales, resultan especialmente contraindicadas: en primer lugar, por la ruptura transitoria del tempo y forma general; y, en segundo, aún más cuestionable, porque el perfil sonoro de la intérprete en cuestión no encaja en las piezas escogidas. Por ser Bond 'maníaco', el resultado del timbrado de "Skyfall" canta por sí solo. 

Aunque el repertorio seleccionado, licencias arreglísticas notoriamente incluidas, perviva en la memoria colectiva -gracias a la extraña confluencia que imagen y sonido generan en nuestras mentes-, paradójicamente cierto resulta igualmente el hecho de que su desequilibrio interpretativo lastra una temprana empatía del público asistente con el propio espectáculo, un distanciamiento notorio en la primera parte. 

Del desconcierto inicial y generalizado, la segunda parte del programa interpretado mejora bastante. ¿El/los motivo(s)?. ¿Desequilibrio seleccionador?. ¿El director de orquesta se puso y puso las alcalinas a sus cuerpos?. Si bien los de cuerda aguantaron de manera notable todo el concierto, especialmente el cuerpo de 'violinas'; en el caso de los de viento, mientras que los menores -especialmente las traveseras- también aguantan el pulso, los mayores, los del fondo a la derecha, se desacoplaban. 

Baterías aparte, ¿dónde se esconden las teclas?. Y, a modo anecdótico, el único intento del director de orquesta por tratar de atemperar al respetable, además de tardío, resultó surrealista al invitar a acompañar con palmas uno de los temas. Lástima que, curiosamente, fuera para suplantar el archifamoso silbido de "El puente sobre el Río Kwai".

En definitiva, la lenta pero alcanzada afinación permite disfrutar de un concierto de cine en toda su expresión. Entre un puñado de notas fácilmente localizables, algunas otras pueden jugar al despiste e invitar a descubrir de qué película se trata. De entre todo el repertorio, afortunadamente, por afinidad con la propia historia y su nivel de interpretación en directo, me quedo con "El paciente inglés". Creo que la más redonda de la velada. Finalmente, profesionalidad y dedicación no se puede negar, puesto que en lo relativo a bises pocos conciertos están a su altura.