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Crítica: "El clan", por Javier Collantes

Dirigida por Pablo Trapero, responsable de títulos recomendables como "Carancho" o "Elefante blanco", esta historia, basada en hechos reales, nos presenta, en principio, a una respetada familia de la burguesía argentina, el distinguido clan Puccio que, a principios de los años 80, hizo del secuestro, la extorsión y el asesinato su fuente de negocio, unos asuntos criminales que, parece ser, gozaban del beneplácito de cierto sector policial y algún que otro integrante gubernamental. Como ha sido habitual en su filmografía, Trapero conduce sus historias con pulso, rigor y fuerza.


Su forma personal de abordar temáticas socio-políticas, con un ejercicio narrativo sin concesiones, gana enteros en este caso para ofrecer un relato brutal, incisivo y desgarrador, una parte de la historia reciente de su país al más puro estilo 'Padrino' pero con toques humanistas y analíticos. Gracias al encadenamiento visual de secuencias impactantes, muestra y sugiere el maniqueismo de la ambición y la corrupción de un entorno familiar comandado por los deseos letales, y en cierto modo autodestructivos, del 'padre padrone'. Este film es un extraordinario cuadro de la desmesura, de la expresión visual de la violencia más explícita, un 'rigor mortis' visceral que se adentra en los senderos más oscurso y descarnados de la condición humana convertidos en 'modus vivendi'. 


Cada secuencia y cada palabra, calibrados técnicamente a través de la mirada de una cámara que pasa desapercibida y de unas interpretaciones que sin exageraciones dan miedo, conjugan una definición de categoría y una lucidez impactante. Precisamente, capítulo destacado para sus intérpretes, Guillermo Francella y Peter Lanzani, cuyos notorios registros, fundamentados en una veterana mirada y una lozanía subversiva, retratan la maldad personificada. Una historia impecable, comprometida y valiente que, pese al esfuerzo que requiere para entrar en ella, reembolsará, más allá de la vida y la muerte, con un ejemplo sorprendente de muchos quilates, otra forma de interpretar 'el principio de Arquímedes'.