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Crítica: "PAN: viaje a nunca jamás", por Pelayo López

El principal reto que asume cualquier nuevo viaje cinematográfico a Nunca Jamás es, fundamentalmente, el ideario popular, esa corriente colectiva de referencias reales e imaginarias, en este caso, en torno a un universo tan (des)conocido y, además, siempre cambiante. El cineasta adalid de semejante desafío es Joe Wright, realizador experto y admirado en su trayectoria 'de época' ("Anna Karenina", "Expiación", "Orgullo y prejuicio") pero mucho menos aplaudido, incluso vilipendiado, en la de 'cine comercial' ("El solista", "Hanna").


Esta ruta de celuloide digital y 3D a tan misterioso destino, "Descubriendo Nunca Jamás" juega en otra liga en lo que a James Matthew Barrie, se presenta, según parece, como el origen del origen, una supuesta precuela en la que, entre otras curiosidades, se produce una re-ubicación de personajes, incluso algunos de los más emblemáticos: no hay rastro de Wendy y otros como Campanilla se reducen a un chisposo mini cameo. En cambio, los papeles del Indy de turno e 'in extremis' designado Capitán Garfio, un Garret Hedlund rocoso, y de la 'guerrera mentora' Tigrilla, una Rooney Mara hermana pequeña de Lucrecia, han cobrado importancia supina.


Como le ocurre al propio Peter, ¡creer es poder... y Wright lo intenta!. Aun con nuestro reconocimiento a su personalidad, su experimento audiovisual puede resultar excesivamente arriesgado, tanto para una mirada infantil, entre otros motivos por un vocabulario de diccionario, como para la de un adulto, que podrá echarse varias cabezadas en busca de un sueño infantil por culpa del perfil bajo de aventuras para la sobremesa. Entre esta dualidad circunstancial sale a flote, sin lugar a dudas, el toque 'postmoderno' y 'retroisabelino'.


Después de un inicio 'orfa-bélico' y 'expiatorio' de toda culpa, el 'nirvana' de todo 'espíritu juvenil' sale a la luz y llama a nuestros oídos en forma de sublime versión de Barbanegra, primo segundo del Inmortal Joe de "Mad Max: furia en la carretera" con el que comparte pasión por las minas abiertas y en profundidad, escenario reiterativo que Wright sobrevuela con el mismo tipo de plano que George Miller. Precisamente, a este pirata o 'lobo' de mar oscurantista llamado Hugh Jackman se le deben los mejores momentos. El primer cara a cara entre Peter y Barbanegra impresiona.


Llamativo el hecho de que unos apabullantes efectos especiales de luz y color, al más puro estilo Holi Festival y que no desvían la mirada de los ya de por sí atenuados escenarios digitales, sepan a tan poco por el demérito de un guión acomplejado y concesionista. Un canto de sirena encarnado por una testimonial Cara Delevingne. Por cierto, se supone que la madurez es mentir, fundamentalmente, en torno a los sentimientos. O al menos ser capaz de esconderlos. Llegados a este puerto, al ritmo del soniquete 'bop bop' de 'ramones' y bucaneros, la no despedida, hasta más ver, se produce a bordo del Jolly Roger, abanderada embarcación pirata y fucsia neón del Capitán Garfio. ¿Y todo por el Pixum?. Ah, claro. ¡Acabásemos!. Donde esté el polvo de hadas... ¡me quedo con ese síndrome!.