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Crítica: "Un día perfecto", por Jesús S.

Película bandera blanca, desde inicio y en transcurso, con protagonistas complementarios: el serio no tan serio y el animoso cuya vida es estar en el sitio y saber leer la carretera y la vida. La terminología diplomática, incapaz de poner nombre 'conflicto' y apellido 'bélico' a las barbaries y represalias cometidas por unos y otros, conspira contra natura en la letanía mortuoria de un albor renacentista mientras Mambrú se fue a la guerra.


De la mirada reportera de "Territorio Comanche" a la cooperante anti-belicista de este título redondo tan internacional como global. León de Aranoa retoma el pulso fílmico de sus primeros títulos y da un paso más al frente, circunstancia bienvenida y suplementada por la mirada perforadora y el rostro de-constructivo de un Benicio del Toro infalible. A su lado, Tim Robbins se viene arriba y brilla con luz propia demostrando un innegable talento demasiado intermitente. 


Las protagonistas féminas enlazan al cuarteto, quinteto traductor, sexteto infante. La 'novicia' Mélanie Thierry resulta un acierto inocente a la hora de empatizar como espectador dentro del grupo, mientras que la menor presencia de la 'otra' Olga Kurylenko limita las posibilidades reales de un personaje incipiente. Respecto a la banda sonora, despiste para puristas, sin palabras. Tanto la partituraza compuesta por Arnau Bataller como la mezcla auténtica de artistas como Lou Reed o Ramones acompasan 'on the road' a la perfección.


Minimalismo dialéctico, exponencialidad silenciosa. Nexo de unión, operativo de enlace, una cuerda lavativa, una soga al cuello, un lastre para el futuro, una oportunidad para el presente... Una vida anclada, un pasado recurrente, nadie olvida su primera muerte, nadie sabe si el buenos días de ayer es el disparo en la cabeza de hoy... El espíritu burlón que hace de las suyas para rematar esta road movie épica silba en el ambiente un rollo Monty Python.