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Crítica: "El amanecer del planeta de los simios", por Pelayo López

Si empezamos diciendo que esta película es la secuela de un 'reboot' y, al mismo tiempo, un 'remake', lo cierto es que cualquier planteamiento sobre sus posibilidades cinematográficas, más allá de los meros artificios técnicos de postín, podrían ser totalmente aniquiladas. Pues bien, afortunadamente podemos asegurar que ocurre ¡todo lo contrario!. Parece increíble que dos de los títulos (de los últimos años) que puedan perforar con mayor precisión la sensibilidad del espectador en la butaca sean "Wall-e", una cinta de animación protagonizada por un robot, y "El amanecer del planeta de los simios", un film 'a cara de perro' entre el ¿ser humano? y los ¿simios?. Un destacado acierto, sin duda, la llegada tras las cámaras de Matt Reeves. Aunque "Monstruoso" era lo que era, ciertas premisas presentes en aquella película propician, en este caso, un ritmo de tensa espera, en pos de un desenlace, sin tono peyorativo ninguno sino más bien todo lo contrario -al conseguir desarrollarlo de manera sostenible y armoniosa-, esperado y previsible.


Después de la exposición de la población humana a un virus devastador que la ha diezmado notablemente -radiografiada con una breve presentación+títulos de crédito-, simios y humanos conviven en una especie de tregua de coexistencia cuya persistencia (in)tangible pende de un hilo, de modo que la amenaza de una posible guerra entre ambas especies sobrevuela la frontera natural y urbana que les separa, una delimitación física de cierto parecido a un escenario de similares características como el de "Soy leyenda". Para abrir boca, un arranque espectacular e impactante en la línea de "Apocalypto", un resumen brutal de la lucha por la supervivencia donde las técnicas de caza coordinada hablan por si solas y que se consolida con un espeluznante retrato, como si nos mirásemos en el espejo de la cronología evolutiva ya que la primera exposición le corresponde a los simios, de una sociedad humana de rostro achatado, vello corporal como segunda piel y andares pro-erguidos. ¡Sencillamente demoledora la primera media hora!. La necesidad del ser humano de disponer de una serie de bienes básicos como la energía eléctrica, cuya única fuente posible se encuentra en territorio simio, supondrá la primera línea de confrontación/colaboración entre ambas especies, un camino de exploración y 'confianza' mutuo y recíproco obstaculizado por los aires de superioridad de algunos humanos y por los instintos primarios de liderazgo de algunos simios.


"Los últimos días del Edén" es un título que quizás alguien pueda ver en esta travesía de autoexploración propia y ajena. Así pues, por un lado nos encontramos momentos tiernos como la lectura de libros entre las inquietudes simias y los jóvenes humanos sin prejuicios; y, por otro, momentos aparentemente divertidos y casi circenses de una manipuladora oscuridad animal (más propia de la consciencia del ser humano). Lógicamente, alguna referencia a la 'odisea' de Kubrick resulta evidente, incluido un plano de un arma en mano simia en alto. Y totalmente encajada la conexión con su predecesora en la recta final de la historia. A pesar de que los simios tengan la capacidad de hablar, con lo deslumbrante que eso podría resultar, lo es aún más lo mucho que se dice durante todo el metraje sin apenas palabras, con simples gestos, signos, miradas... y es que, por mucho 'blockbuster' que pretenda ser (y lo es)-, lo comercial no está reñido con la calidad. De hecho, sirva como ejemplo que la única escena de acción/acción es un ataque kamikaze simio a la colonia humana, un curioso ejemplo más de que también, incluso, dentro de su propia especie, hay comandantes y hoplitas.


Cierto es que todo lo que ocurre entre los simios y los humanos, entre los simios y los simios, o entre los humanos y los humanos, no es más que un reflejo de lo que tristemente acontece a día de hoy en nuestro planeta... ¡y no precisamente por la presencia de unos simios de cine!. Lo mejor y lo peor del ser humano en ambos bandos, en ambas especies. Los originales James Franco y Freida Pinto han sido sustituidos por Jason Clarke ("La noche más oscura"), quien mantiene el nivel en el cara a cara con el simio Andy Serkis, y la televisiva Keri Russell ("Felicity"), que parece no despeinarse demasiado. No obstante, César/Andy Serkis es quien lleva 'la voz' cantante. Fuera de categoría, como se dice en el ciclismo en alusión a los puertos más duros. Magistralmente expresivo, por encima de maquillajes y efectos, para componer un personaje complejo, lleno de incertidumbres y dudas, con un comportamiento marcado por el instinto animal y la concepción de un germinal ser humano... una composición proto-democrática y al mismo tiempo dictatorial, un 'césar' romano con tintes bíblicos y proféticos. Para rematar, después de la típica escena de lucha 'climá(x)ica'... ¡un final apoteósico!. Una sucesión de planos en la que "El amanecer del planeta de los simios" se resume en su tono fotográfico, cálido pero enigmático, y una mirada simia en primer plano que nos abduce de cualquier diferencia con nuestra propia mirada. Parafraseando paradójicamente "El emigrante", de Celtas Cortos, una misma sensación nos recorre de arriba abajo: 'Somos distintos, somos iguales'.